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Lunes 19 de Mayo de 2008 | No hay vacunas para prevenir la transmisión del virus C del mal. Una de cada 12 personas en el mundo padece la patología y no lo sabe. Recomiendan hacer estudios. Avances.
“Las estadísticas de las últimas investigaciones indican que a nivel mundial, en Latinoamérica y sobre todo en nuestro medio se ha producido un sensible descenso de los contagios de hepatitis por los virus A y B”, informó el profesor de la cátedra de Gastroenterología de la UNT, Francisco Palazzo, y jefe de la Unidad Centinela de Hepatitis en Tucumán y del servicio de la Gastroenterología que funcionan en el Hospital Padilla.
Según comentó el especialista, a propósito del Día Mundial de la Lucha Contra la Hepatitis, que se conmemora hoy, la disminución de contagios se debe a las frecuentes campañas de información y de educación sobre la enfermedad, y a la inclusión de las vacunas contra los virus A y B . “El calendario nacional gratuito contempla la inmunización contra el virus B, pero en Tucumán -y en algunas otras provincias- se incluyó también la vacuna contra el virus A porque este tipo del mal se caracterizó por ser endémico en nuestro territorio. A tal punto, que se estima que el 85% de la población adulta sufrió la afección alguna vez y en muchos casos en forma sintomática o confundida con un simple resfrío, una diarrea o algún mal de estómago”, aclaró Palazzo.
Un flagelo mundial
A nivel internacional, los investigadores trabajan sin descanso para obtener una vacuna contra la hepatitis C. “Este tipo de la enfermedad -enfatizó el docente de la UNT- sigue siendo un problema mundial de salud por la falta de vacuna. No obstante, gracias a los marcadores efectivos que usan los bancos de sangre, cada vez se detecta en forma precoz la presencia del virus C en personas que desconocen que están contagiados”.
El virus C sigue siendo transmitido por la población de drogadictos endovenosos, por la promiscuidad sexual, la prostitución y su concomitancia en pacientes con el HIV. Palazzo reconoce que este hecho se debe a que no es fácil modificar las conductas de algunas personas y mucho menos las adicciones.
No obstante, los últimos avances en los tratamientos para la hepatitis C y la B hicieron disminuir los casos que evolucionan hacia la cirrosis o hacia el cáncer de hígado.
“Los tipo B y C de la patología son crónicos, y el aporte de las nuevas drogas genera mayor efectividad. Ahora se puede frenar la evolución de la enfermedad y poner al alcance de las pacientes otras opciones terapéuticas que ya se utilizan en Tucumán, como procedimientos quirúrgicos y otras técnicas. Además, está el trasplante de hígado, como otra opción”, dijo.
La campaña 2008 para luchar contra la hepatitis tiene como lema “¿Soy el número 12?”, en clara referencia a los datos estadísticos que afirman que en el mundo una de cada 12 personas padece hepatitis B o C y no lo sabe, según informó la Alianza Mundial de lucha contra la Hepatitis. Según las estadísticas, la hepatitis C afecta a menos del 1% de la población. Se calcula que una de cada tres personas estuvo expuesta a alguno de estos virus.
Palazzo advirtió que las personas que recibieron transfusión de sangre antes de 1997 (cuando se identifican los virus B y C como etiología de la hepatitis) y tuvieron relaciones sexuales promiscuas o vivieron situaciones de riesgo deberían realizarse un marcador para verificar si son o no portadores de esos virus.
Según organizaciones internacionales, en el mundo habría unas 500 millones de personas infectadas con hepatitis.
Un 19 de mayo falleció en Canadá Artur de Torres, uno de los miembros más activos de las organizaciones de pacientes y familiares de personas con hepatitis. Este hecho sirvió para instituir el Día Mundial de la lucha contra la Hepatitis.
Las formas A y B son prevenibles a través de vacunas incorporadas al Calendario Oficial. Las dosis contra la hepatitis B se aplican al nacer y a los dos y seis meses.Para la hepatitis A existe una única dosis que se debe administrar al año.
La hepatitis C, para la cual no existe vacuna, se puede contagiar también por relaciones sexuales sin protección,por el contacto directo con sangre infectada y la vía parenteral. En un 85% de los casos se vuelve crónica. La mayoría de las personas con hepatitis C no presenta síntomas, pero pueden tener signos similares a un estado gripal: cansancio, náuseas, pérdida del apetito, fiebre, dolor abdominal, prurito, picazón y dolor.
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