El teatro se viste de época

"Popesku debe morir" se llama la nueva obra de Montilla Santillán que se estrenará mañana, a las 22, en El árbol de Galeano.

LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
16 Mayo 2008
"Popesku debe morir" se desarrolla en un país imaginario y en un tiempo no precisado. Pero, como en las viejas advertencias que figuraban al comenzar una película, debe señalarse que cualquier parecido con la realidad es mera casualidad.
La obra de Guillermo Montilla Santillán se estrenará mañana a las 22 en la sala de El árbol de Galeano (Rivadavia 435), y en ella el dramaturgo ratifica su compromiso social, y su opinión de que el teatro "debe ser resistente". En ese sentido, "Popesku debe morir" se plantea como una continuidad de otros trabajos como "El jardín de piedra" y "Se necesita un cadáver".
"Aquí hay cuatro personajes que no son héroes y que un buen día deciden decir ?basta?. No se plantean una revolución ni nada por el estilo. La tragicomedia se desarrolla en torno de las preguntas y de los cuestionamientos que se hacen sobre si qué ganan matando al tirano, por ejemplo", cuenta Montilla Santillán.
Los personajes en cuestión son un idealista, un hijo de inmigrantes rusos, un actor sin trabajo y un pasante del Museo Nacional. Su propósito es matar al primer mandatario de su país, con el objeto de demostrar a sus compatriotas que debajo de esa doliente apatía en que dormita su tierra aún hay hombres con el tesón suficiente para decir "No, basta". La producción, dirigida por el mismo autor, está protagonizada por Fernando Godoy, Diego Borges, Leandro Ortega y Sebastián Zamora y la puesta es del grupo Silfos Teatro. La asistencia de dirección es de Belén Mercado. En diálogo con LA GACETA, Montilla Santillán contó detalles de la obra.

- ¿Cómo surgió el texto?
-El texto lo comencé a escribir en 2001, pero se fue reescribiendo desde entonces. En ese año todo parecía reducirse a una crisis económica que vivíamos los argentinos, pero después el tema resultó más complejo. Hoy no hay libertad de prensa y están socavados los pilares de la democracia. No quería que la obra se entienda como una protesta de la clase media, por eso que dejé pasar el tiempo y se fue reescribiendo.

- El panfleto parece amenazar a "Popetzku debe morir".
- Le tengo horror al panfleto, pero admito que estoy ahí, casi en el límite. Creo que se salva de serlo porque no digo qué es lo que se debe hacer, a pesar de que en el título se utiliza el "debe"; no planteo una salida a ese drama, y el núcleo del drama gira en torno a las discusiones de los personajes cuando tienen que tomar una decisión, a las dudas que ellos mismos se plantean. Repito que se reescribió y corrigió bastante.

- ¿Cómo trabajaste con la puesta?
-Es bastante despojada. Todo se desarrolla en la habitación de un hotel, donde están estos personajes, algunos dentro y otros fuera de la escena. Trabajé en una línea muy brechtiana, con el efecto de distanciamiento y de extrañeza.

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