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Lunes 12 de Mayo de 2008
Política
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“ATORNILLADOS AL SILLON”. Los gremialistas conocieron la reelección en 1988, cuando se publicó en el Boletín Oficial la Ley de Asociaciones Sindicales.
La primera condición para que una persona pueda ser reelecta en una función es la existencia de una normativa que dé el marco legal. Una buena gestión o la ausencia de oposición son atributos necesarios para la reelección, pero no suficientes. Sin una legislación que la autorice y que acote sus términos, el mejor gobierno o el vacío opositor serían accidentes intrascendentes.
Esto lo sabe muy bien la dirigencia sindical argentina. El artículo 17 de la Ley 23.551 -regula las asociaciones sindicales- prescribe que las autoridades gremiales pueden ser reelectas. Sin embargo, no aclara por cuántos períodos puede darse esta reelección. Por ello es lícito interpretar que esta puede ser por tiempo indeterminado. De hecho, la práctica así lo demuestra puesto que, desde que la Ley se publicó en el Boletín Oficial, el 22 de abril de 1988, muchos líderes gremiales se mantuvieron en sus cargos por tiempo indefinido. Esta comprensión se explica por un principio general del derecho, que asegura que lo que no está jurídicamente prohibido está jurídicamente permitido. Dicho de otro modo, la propia legislación allana el camino de quienes buscan repetir un mandato tras de otro.
Los porqués
No obstante las reelecciones indefinidas, los motivos por los cuales no hay recambio en los diversos gremios son, según los propios dirigentes, dispares. Un argumento contundente para explicar el escaso o nulo activismo sindical -en empresas privadas, sobre todo- es el hostigamiento de los patrones hacia los empleados que muestran interés por participar. Esto inhibe la voluntad de posicionarse como referente gremial. Otro grupo encuentra explicaciones históricas a la reelección por tiempo indeterminado. Es el caso del secretario General de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y secretario de Trabajo de la Provincia, Roberto Jiménez, que asevera que la experiencia vivida durante la dictadura militar y las persecuciones, secuestros y desapariciones de los que fueron objeto dirigentes gremiales, sobre todo, sembró un miedo que aún persiste entre los trabajadores.
Pero, sea por el miedo a perder un trabajo o, como ocurría en décadas pasadas, la propia vida, estas causas ponen la responsabilidad de una ausencia de recambio en los afiliados. No hay una autocrítica por parte de los dirigentes. Y aunque muchos de los consultados aseguran que sí se dictan cursos de formación gremial, en los hechos la realidad muestra que estos sólo tienen carácter informativo, no formativo: se informa a los afiliados sobre legislación laboral pero no se los incentiva a que participen activamente en el gremio.
Como afirma Abraham Zahara, la formación de dirigentes debe ser el principal interés de una buena gestión. El ex secretario General de FEIA no cuestiona la persistencia en la función (de hecho, él mismo estuvo 20 años al frente de ese gremio), pero confronta al dirigente formado con el improvisado, y advierte que este último perjudica al trabajador que dice defender (Ver “El dirigente debe ser...”).
Otra advertencia que lanza el ex trabajador azucarero (hoy jubilado) tiene que ver con el acostumbramiento que produce la gestión. Un cómodo despacho en un gremio es siempre más apetecible que las condiciones laborales de cualquier profesión. Incluso que las mejores. Según Zahara, el sindicalista no debe jamás olvidar su origen ni perder el contacto con sus defendidos. Cuando esto sucede, según entiende, hay que cuestionar la perpetuidad en la función gremial.
Otras formas de reelección
La práctica matizó la forma de la reelección. En el ámbito del poder Ejecutivo nacional, y a partir de algunos acontecimientos que volvieron a poner en primer plano la figura de Néstor Kirchner, se deslizó la posibilidad de que quien realmente esté gobernando la Argentina no sea Cristina Fernández sino su esposo, desde Puerto Madero. Esto permite hablar de otra manera de perpetuarse en un cargo: la perpetuidad del apellido o, dicho de un modo más familiar, “Cristina al Gobierno, Kirchner al poder”.
El sindicalismo argentino es un espejo que refleja los vicios y las virtudes de la política. Este caso no escapa de la práctica especular. En la Asociación de los Trabajadores del Estado (ATE), desde hace muchos años un mismo apellido se turna la titularidad del sindicato. Un referente obligado es Martín Rodríguez, pese a que es su hermano Raúl quien ostenta la secretaría General actualmente. Antes de Raúl estuvo su primo, Marcelo Sánchez; y entre los dos suman cuatro períodos al frente de ATE. Mientras ambos se turnaban en la dirección, Martín sumó años en la comisión directiva nacional del gremio de los empleados públicos.
Lo cierto es que, de una forma o de otra, la reelección indefinida está en los gremios aun antes que en el poder público. Y no parece dispuesta a dejar de ser.
1- ¿Por qué cree que no hay recambio de dirigentes en la actividad gremial en la Argentina?
2- ¿Considera necesario que exista una escuela de dirigentes donde se formen los futuros referentes?
3- ¿Cuáles son las ventajas y cuáles los riesgos de estar tanto tiempo al frente de un gremio?
4- Si tuviera que dejar la dirigencia y retornar a la actividad que desempeñaba antes, ¿lo haría?