La felicidad por un rato
Música y romanticismo. Siempre es saludable recurrir al humor para aflojar las desazones ¿Uno rechaza lo que ama?. Por Luis Mario Sueldo - Redacción LA GACETA.
11 Mayo 2008 Seguir en 
En un mundo en el que ya la web impone una identidad virtual mutante quedan aún bohemios (bienvenidos) que divagan y que sostienen que el romanticismo nunca va a desaparecer mientras haya un hombre y una mujer que se amen. “Tú me acostumbraste/ a todas esas cosas/ y tú me enseñaste/ que son maravillosas...” reza un clásico tema melódico. Hay romances que pueden llevarnos a la nostalgia infinita -aseguran-, como deslizaba Humphrey Bogart en “Casablanca” cuando derrapaba a causa de una relación sentimental. Que la angustia de uno sea la fortuna de otro es, en cierta forma, la historia de la humanidad. Las letras de muchos tangos -sobre todo los compuestos en las décadas del 40 y del 50- fueron (son) vistos como un gemido poco viril, aunque Gardel haya cantado antes: “...que un hombre macho no debe llorar”. El bolero, en cambio, no es estigmatizado a pesar de que su historia también refleje las penas del corazón. “... Para qué me curaste cuando estaba herío/ si hoy me dejas de nuevo el corazón partío...”, lamenta el madrileño Alejandro Sanz, pero sostenido por un fraseo más rítmico, más tropical. El machismo también aflora en este tipo de mensajes con música: “... Te vas porque yo quiero que te vayas.../ porque, quieras o no, yo soy tu dueño...”. O aquel otro donde el iluso desgrana: “... Aunque mañana te ligues a otros brazos/ seguirás siempre siendo mía...”. Los mejores amores tal vez sean aquellos en los que no se prometen grandes cosas. Pero hay que creerle al amor, aunque, irremediablemente, sea limitado. “Nunca quieras mal/ total la vida ¡qué importa!/ si es tan finita y tan poca/ que al fin, el piolín se corta..”, escribió Discépolo.
Siempre es saludable recurrir al humor para aflojar las desazones, porque el tiempo transcurre indiferente y es necesario tener los patitos en fila. Sirva conocer una estadística que indica que el 50 % de los internados en hospitales sufren patologías derivadas de problemas psicológicos. (“No se puede vivir del amor/ es muy fácil perder la razón...”, según los versos de Andrés Calamaro).
El ingenioso Groucho Marx satirizaba que un hombre es tan viejo como la dama que acaricia. Precisamente, la mujer que en estos tiempos se resista a asumir el amor en su plenitud es muy probable que esté sobrecargada de prejuicios. Aunque el secreto de la juventud sea tener más proyectos que recuerdos, hay todavía un closet femenino, señalan especialistas. Allí aún están, sin descolgar, algunas de las mejores partes de la femineidad. Muchísimas mujeres han pasado por este mundo con todas sus chances de explayarse recortadas y, se sospecha, que las grandes posibilidades cruzan una sola vez por frente de nuestra puerta. Otra visión, con un perfil más místico, habla de etapas y de que en algún momento, indefectiblemente, surgirán circunstancias que le darán sentido a la existencia y con las que vibraremos de felicidad, aunque sea sólo por un rato. Quizá el secreto de la vida pase por no saber de qué se trata. Y las preguntas surgen solas: ¿si nuestra felicidad depende del otro o de las cosas, no estaremos perdidos? ¿uno rechaza lo que ama? ¿la obstinada preferencia es contraproducente? Ahora bien, ¿dónde quedará, entonces, aquello de que amores que matan siempre viven? “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido/ nada más amado que lo que perdí...”, filosofa Serrat. Los románticos y los soñadores permiten que este planeta sea menos cruel. Y creen, como los griegos, que las almas gemelas se buscan eternamente.







