El "monstruo de Austria" amenazaba a su hija con asfixiarla si lo denunciaba
La Policía investiga si Fritzl fabricó un mecanismo para que el sótano se llenara de gas si a él le ocurría algo. Eso explicaría porqué los cautivos no lo atacaban para escapar. Detalles ocultos salen a la luz. Video y Galería de Imágenes.
30 Abril 2008 Seguir en 
AMSTETTEN, Austria.- Josef Fritzl -el austríaco que secuestró y abusó durante 24 años de su hija, con la que tuvo siete hijos- amenazaba a sus víctimas con envenenarlas con gas si lo denunciaban.
"Se está verificando si era posible introducir gas en el sótano en caso de que el hombre fuera descubierto", confió Helmut Greiner, portavoz de la Policía Criminal Federal.
Fritzl, de 73 años, habló de tales amenazas en sus primeros interrogatorios. "Es necesario confirmar si eran sólo para asustar a su hija y a los hijos-nietos que tuvo con ella", explicó Greiner.
Para ahondar más sobre el asunto, la Policía llamó ayer a una centena de personas que podrían ayudar a colocar las piezas y esclarecer los detalles del cautiverio que sufrió Elisabeth, la hija que fue raptada y violada.
El detective Franz Polzer pidió ayuda a todos los que hayan vivido en esa manzana del pequeño pueblo de Amstetten. "Quizás alguno puede haber visto algo digno de destacar que en ese momento le haya parecido insignificante", aventuró.
¿Cumpleaños feliz?
El uniformado contó que el sótano, que estaba sellado detrás de una puerta de cemento, incluía dependencias separadas para dormir, lavar y cocinar y estaba equipado con un frigorífico, un congelador y una lavadora. "Este equipamiento eléctrico hubiera permitido a los ocupantes sobrevivir durante semanas", explicó.
Dos de los tres niños que vivieron en la celda, y que no conocían la luz del sol, se reunieron ahora con sus tres hermanos, que fueron adoptados y criados por Josef y su esposa Rosemarie.
"Ayer tuvimos un pequeño cumpleaños improvisado para agasajar al chico de 12 años, con una torta", contó Berthold Kepplinger, director médico del centro austriaco donde se encuentran las víctimas.
La hija mayor, de 19 años, permanece grave, internada en el hospital, donde fue trasladada la semana pasada, cuando salió por primera vez de la celda.
Fritzl, quien se confesó autor del encarcelamiento y de incesto, está detenido y siendo investigado por violación, incesto y coacción.
También se analiza si cometió homicidio imprudente con uno de los hijos que tuvo con Elisabeth, que murió al poco tiempo de nacer y cuyos restos fueron incinerados en un horno por Josef.
El abogado defensor de Fritzl, Rudolf Mayer, indicó que su cliente se negó a responder a más preguntas.
"Las pruebas de ADN con claras y eso probaría el incesto. Sin embargo, la violación no ha sido probada y hay que dejar de lado el encarcelamiento y el homicidio", manifestó.
La historia del horror
Fritzl subió del zulo a tres bebés de pocos meses en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija (supuestamente desaparecida en una secta) los había depositado delante de la puerta de su casa.
Y mientras que los tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, los otros hermanos malvivieron en el calabozo de unos 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura. Sin embargo, hoy se supo que el hombre tenía todo estudiado y planeado para cualquier imprevisto que se pudiera presentar.
Polzer dijo esta mañana que el carcelero tenía preparado un dispositivo para que la puerta que escondía el zulo se abriera sola en el caso de que a él le ocurriera algo y, así pudieran escapar. Además, la revista alemana "Brigitte" aseguró también que uno de los hijos que convivían normalmente con la familia en la parte alta de la casa tenía una copia de la llave que daba al sótano. (Reuters-Télam-Especial)
"Se está verificando si era posible introducir gas en el sótano en caso de que el hombre fuera descubierto", confió Helmut Greiner, portavoz de la Policía Criminal Federal.
Fritzl, de 73 años, habló de tales amenazas en sus primeros interrogatorios. "Es necesario confirmar si eran sólo para asustar a su hija y a los hijos-nietos que tuvo con ella", explicó Greiner.
Para ahondar más sobre el asunto, la Policía llamó ayer a una centena de personas que podrían ayudar a colocar las piezas y esclarecer los detalles del cautiverio que sufrió Elisabeth, la hija que fue raptada y violada.
El detective Franz Polzer pidió ayuda a todos los que hayan vivido en esa manzana del pequeño pueblo de Amstetten. "Quizás alguno puede haber visto algo digno de destacar que en ese momento le haya parecido insignificante", aventuró.
¿Cumpleaños feliz?
El uniformado contó que el sótano, que estaba sellado detrás de una puerta de cemento, incluía dependencias separadas para dormir, lavar y cocinar y estaba equipado con un frigorífico, un congelador y una lavadora. "Este equipamiento eléctrico hubiera permitido a los ocupantes sobrevivir durante semanas", explicó.
Dos de los tres niños que vivieron en la celda, y que no conocían la luz del sol, se reunieron ahora con sus tres hermanos, que fueron adoptados y criados por Josef y su esposa Rosemarie.
"Ayer tuvimos un pequeño cumpleaños improvisado para agasajar al chico de 12 años, con una torta", contó Berthold Kepplinger, director médico del centro austriaco donde se encuentran las víctimas.
La hija mayor, de 19 años, permanece grave, internada en el hospital, donde fue trasladada la semana pasada, cuando salió por primera vez de la celda.
Fritzl, quien se confesó autor del encarcelamiento y de incesto, está detenido y siendo investigado por violación, incesto y coacción.
También se analiza si cometió homicidio imprudente con uno de los hijos que tuvo con Elisabeth, que murió al poco tiempo de nacer y cuyos restos fueron incinerados en un horno por Josef.
El abogado defensor de Fritzl, Rudolf Mayer, indicó que su cliente se negó a responder a más preguntas.
"Las pruebas de ADN con claras y eso probaría el incesto. Sin embargo, la violación no ha sido probada y hay que dejar de lado el encarcelamiento y el homicidio", manifestó.
La historia del horror
Fritzl subió del zulo a tres bebés de pocos meses en los años 1993, 1994 y 1997, alegando ante su familia que la hija (supuestamente desaparecida en una secta) los había depositado delante de la puerta de su casa.
Y mientras que los tres menores disfrutaron de una educación ejemplar, los otros hermanos malvivieron en el calabozo de unos 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura. Sin embargo, hoy se supo que el hombre tenía todo estudiado y planeado para cualquier imprevisto que se pudiera presentar.
Polzer dijo esta mañana que el carcelero tenía preparado un dispositivo para que la puerta que escondía el zulo se abriera sola en el caso de que a él le ocurriera algo y, así pudieran escapar. Además, la revista alemana "Brigitte" aseguró también que uno de los hijos que convivían normalmente con la familia en la parte alta de la casa tenía una copia de la llave que daba al sótano. (Reuters-Télam-Especial)
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