El último adiós al violinista Alfredo Bru

El miércoles falleció, a los 80 años, el destacado músico tucumano que integró la Orquesta Sinfónica fundacional de 1948. Realizó una intensa labor en la música de cámara.

18 Abr 2008
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UN MAESTRO. Bru sembró su amor por la música en sus ocho hijos.LA GACETA

Tal vez un capriccio de Niccolo Paganini le abrió las puertas del silencio el miércoles a Alfredo Bru. El violinista, uno de los pocos sobrevivientes de la legendaria Orquesta Sinfónica de la UNT de 1948, falleció a los 80 años, tras soportar una penosa y larga enfermedad.
Nacido en esta ciudad el 31 de marzo de 1928, se inició en el misterio de los pentagramas en la Academia de Bellas Artes con Heraclio Vivié y Oscar Seeligman, a quien consideraba uno de los maestros que le alumbraron el camino. "Fue, por encima de todo, un enamorado total de la música. Como profesor era de gran jerarquía; casi todos sus alumnos pasaron a formar parte de la Orquesta Sinfónica, en su fundación, compitiendo con instrumentistas de alta experiencia, que venían de Europa", recordaba. De su maestro Seeligman heredó un "Klotz", un violín de altísimo valor, que rondaba los 120 años de edad.
Tras su ingreso a la Sinfónica de la UNT, Bru desplegó una intensa vida musical en nuestro medio, como intérprete y docente en la Escuela de Artes Musicales de la UNT y en el Conservatorio Provincial. Integró el Cuarteto de Cuerdas del Consejo Provincial de Difusión Cultural, con el que realizó entre 1959 y 1964 una intensa labor didáctico musical. Similar tarea cumplió como miembro del Cuarteto de Cuerdas del Departamento de Artes de la UNT. "Ingresé en el Cuarteto de la UNT en 1952. El primer violín era Ladislao Szentgyorgy, yo en el segundo, Aldo Giovanini en viola y Teodoro Kotzarew en chelo. Cuando se fue Giovanini entró Karbiner y cuando se fue Teodoro, entró Enrique Grazioli", contaba. Y de esa época, Bru evocaba con admiración y afecto al húngaro Szentgyorgy, un virtuoso que se quedó a vivir en Tucumán y de quien fue amigo.
En 1968, asumió por un breve período como director de la Sinfónica Universitaria. "Hemos sido compañeros desde los 10 años, en la Academia de Bellas Artes. Como músico tenía mucha facilidad y buena calidad para hacer música de cámara, para entusiasmar a la gente. Nos juntábamos a leer música a primera vista. Mi amistad con el ?Pila? -le decían así desde chico- era más personal que musical", señaló la pianista Myrtha Raia.
Bru sembró su vocación musical en sus ocho hijos, destacados instrumentistas -varios de ellos integraron la Camerata Bariloche-. "Siempre decía que lo más importante en la música era la expresión, lo que se trasmite. Su pasión era la música de cámara, enseñar y tocar. Mis hijos vivieron en medio de la música", dijo su esposa, Delia Pesce. De bajo perfil, exigente con sus alumnos, Alfredo Bru participó con fervor en la vida cultural de Tucumán y construyó con amor una familia de músicos que llevan su corazón y sus sueños sonoros por escenarios del país y del mundo.
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