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Domingo 6 de Abril de 2008
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Novelas para celular

Novelas para celular

Por Alina Diaconú. Para LA GACETA - Buenos Aires

ALINA DIACONU


Escritora rumana radicada en la Argentina, colaboradora del diario La Nación. Su último libro es “Poemas del Silencio” (Buenos Aires, Ediciones Lumiere, 2006).


Hace exactamente veinte años, en su afamado y esclarecedor libro, titulado El arte de la novela, Milan Kundera no sólo hacía una triste radiografía de nuestros tiempos en cuanto a pronósticos literarios, sino que, en cierta manera se anticipaba ya al futuro cuando aseveraba: “La novela (como toda la cultura) se encuentra cada vez más en manos de los medios de comunicación; éstos, en tanto que agentes de la unificación de la historia planetaria, amplían y canalizan el proceso de reducción; distribuyen en el mundo entero las mismas simplificaciones y clichés que pueden ser aceptados por la mayoría, por todos, por la humanidad entera. (…)Este espíritu común de los medios de comunicación disimulado tras su diversidad política, es el espíritu de nuestro tiempo. Este espíritu me parece contrario al espíritu de la novela. El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad”. Claro que en su crítica, dirigida sobre todo a los medios audiovisuales de comunicación, aún no podían tener cabida – porque no existían- estos aparatitos , ya casi imprescindibles para todos nosotros hoy, de la telefonía móvil, a los que llamamos celulares.
Y lo que menos podía imaginar Kundera con su teoría reduccionista, y acaso ninguno de nosotros, es que actualmente se llegaría a hablar de un género llamado “novela para celulares” y que el mismo está haciendo furor en Japón.
De esta manera, la complejidad que, según Kundera, sería la característica de la novela se estaría diluyendo así, a pasos agigantdos, terminando en una suerte de esquematismo elemental, primario, asociado al uso progresivo de los mensajes de texto utilizados en el manejo y en la inter-comunicación de los celulares.
Norimitsu Onishi, en un artículo reproducido por el diario Clarín recientemente, cuenta que las novelas para celular aparecieron en Japón en el año 2000: “Hasta hace muy poco, las novelas para celular eran desdeñadas en Japón porque se las consideraba un subgénero indigno del país que hace mil años le dio al mundo su primera novela, La historia de Genji. Pero el mes pasado, el ranking de fin de año de los best-sellers mostró que las novelas para celular, publicadas posteriormente en forma de libro, han conquistado al público y se imponen como un fenómeno masivo”. ¿Cómo son estas novelas para celular? Se redactan en forma de mensajes de texto. Lo que predomina es el diálogo, las frases muy cortas, hay pocas descripciones y los personajes son muy esquemáticos. Con frecuencia, estos textos se parecen a diarios personales, íntimos, que están escritos por muchachas en primera persona y que abordan temas sentimentales. En el artículo de Onishi aparece el testimonio de una escritora veinteañera, llamada Rin, que defiende las novelas para celular como un género literario y que critica las novelas tradicionales, con los siguientes argumentos: “La gente de mi generación no lee las obras de los escritores profesionales porque sus oraciones son difíciles de entender, su estilo es deliberadamente verborrágico y lo que cuentan no es familiar para nosotros”.
¿Qué dirían de esto los padres de la novela, maestros del género, un Cervantes y un Balzac, un Stendhal, un Proust, un Joyce? En su introducción a sus célebres “Lecciones de Literatura”, el gran Vladimir Nabokov resumía su criterio literario, afirmando: “Creo que una buena fórmula para comprobar la calidad de una novela es, en el fondo, una combinación de precisión poética y de intuición científica. Para gozar de esa magia, el lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador (…). Entonces observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal”.
Qué lejos estarían de estos conceptos las novelas para celular… Estas últimas, al parecer saboreadas sobre todo por una generación lectora de historietas, no tienen prácticamente argumento, ni trama, ni psicología en cuanto a sus personajes y, como es de suponer, su calidad literaria es nula. Muchos críticos japoneses son apocalípticos y creen que este género puede llevar a agonizar a la literatura japonesa en serio.
Según Chiaki Ishihara, un experto en literatura japonesa, conocedor del fenómeno de la novela para celulares, este género no nació porque los jóvenes sintieran ganas de escribir ficción y, casualmente, el celular estaba a su alcance. Todo lo contrario. Durante el intercambio de mensajes entre jóvenes, fue el mismo aparatito el que despertó en el usuario el deseo de escribir una historia. Muchos “novelistas” de este tipo nunca antes habían escrito ficción y, obviamente, muchos de sus lectores nunca antes habían leído novelas. Fue así cómo apareció esta clase de novelística, si es que la podemos denominar de este modo.
Cinco de las diez novelas más vendidas el año pasado en Japón fueron novelas para celular. Estas novelas fueron escritas primeramente como mensajes de texto y luego, dado su éxito, se imprimieron en libros.
Así pasó con Love sky, una novela para celular leída por veinte millones de personas en sus celulares o computadoras. Los ingredientes de esta historia: sexo entre jovencitos, violación, embarazo, una enfermedad mortal, etc. Nada más parecido a un teleteatro. Tanto fue el éxito de este “Cielo de amor” que no sólo fue impreso como libro, llegando a ser best-seller, sino que también se filmó una película.
Quizá no haya que alarmarse. Ojalá se trate de un fenómeno aislado que no podemos generalizar. Pero la señal es inquietante en este mundo globalizado donde la vulgaridad, la simplificación y la ignorancia van ganando terreno día a día. En medio de una realidad que nos hace añorar cada vez más las sutilezas, los refinamientos y los misteriosos senderos de la imaginación, de la creación y de la belleza en cualquiera de sus formas. © LA GACETA





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