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Domingo 6 de Abril de 2008
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Presente y futuro de Internet

Presente y futuro de Internet

Por Federico Türpe. Para LA GACETA - Tucumán.

FEDERICO TÜRPE


Periodista, editor de LA GACETA.com


El lector ha muerto, al menos tal como se lo conoce desde que el hombre lee y escribe. En coincidencia con la extinción del siglo XX también ha desaparecido ese lector pasivo, contemplativo, cuyas emociones, broncas, angustias y amores frente a la obra interactuaban sólo consigo mismo.
Poco se había modificado en la lectura, sustancialmente, desde Gutenberg hasta el advenimiento de internet, excepto por el formato, la velocidad de transferencia de datos y la capacidad de almacenamiento, entre otras ventajas “utilitarias” de la globalización de las comunicaciones. En esencia, no había mayores diferencias entre un cuento de Raymond Carver en las amarillentas hojas de una colección de bolsillo y el mismo relato en PDF, Word o cualquier otro programa de lectura. Esto era internet 1.0. Eso ha muerto.
Afirman que los primeros destellos de internet 2.0, también llamada Web 2.0, se observaron en 1995 con la aparición de Classmates.com –considerada la primera red social de la web-, un sitio que pretendía que las personas pudieran contactarse con antiguos compañeros del colegio.
Pero tuvieron que transcurrir ocho años para que estallara la verdadera revolución de la Web 2.0 y el fenómeno de las redes sociales, con el surgimiento en 2003 de sitios como Friendster, Soflow, Wikipedia o MySpace. “Web 2.0 es como el porno. No podría definirlo, pero lo reconozco en cuanto lo veo”. Esta es una de las definiciones más precisas sobre el desconcierto de la internet actual y una de las más citadas por los especialistas en los foros de discusión sobre las tendencias en la web.
Es una de esas frases que de tan repetidas pierden su autoría, otra característica del ciberespacio de hoy: todo lo que gusta, interesa o es útil se copia y se pega, se envía, se sube o se baja, se postea, en definitiva, se comparte, en todo o en parte, con o sin su autor, tomando sólo un párrafo o, si se quiere, un escrito completo.
Hay quienes dirán que aún no han acabado de comprender la Web 1.0 cuando ya comienzan a abrumar con la 2.0.
La verdad es que internet 1.0 es parte del pasado porque de ella sólo quedan resabios. Hoy su sucesora está en plena vigencia, mientras se especula sobre el cómo y el cuándo del desembarco de la Web 3.0. La Web 1.0 es la internet expositiva, de lectura, con indexación de búsquedas simple. Es la web donde se suben documentos (textos, imágenes, videos o programas) y donde personas conectadas a la red acceden a ellos. Es el pasado, asombrosamente próximo, situado en la década del 90. La Web 2.0 es el presente. Es la internet de lectura-escritura, de las redes sociales (Wikipedia, Facebook, Last.fm, YouTube, Flickr, Del.Icio.Us, Fresqui o Technorati, por sólo nombrar algunas).
Es la web de personas conectadas a personas (ya no sólo a documentos) con la posibilidad fundamental de compartir y colaborar entre ellas. Su indexación ya no es simple sino que es semántica, aunque todavía manual. En esta versión 2.0 el usuario, por ejemplo, busca una noticia y un metabuscador como Google nos muestra no sólo ese texto sino también lo que el resto de las personas ha generado en relación a ese contenido. Hay semántica en la exploración, pero es manual, direccionada, por asociación de palabras y de signos.
La Web 3.0 es el futuro, lo que en la Red puede significar apenas unos años. Es la internet global de lectura-escritura-multimedia y, su rasgo más relevante, es la web semántica automática: aplicaciones web conectándose a aplicaciones web. Es un estado de conciencia del contexto en la internet geoespacial, con autonomía respecto del navegador en la construcción de la web semántica, de complejidad más próxima a la de la mente humana. Se buscarán conceptos, contextos, ideas, metadatos. No sólo el autor del objeto descripto en la página, sino el significado del autor de la página. Con la masificación de internet se instaló el debate acerca de si iban a desaparecer los libros de papel, las revistas y los diarios impresos.
Superada la ansiedad inicial se entendió que se trataba de dos cosas diferentes y cada día más independientes. Nadie escucha radio y mira una película al mismo tiempo. Cada actividad tiene su lugar, su momento y su público. Los cambios en internet impactan primero sobre internet, luego en otros formatos. Los discos compactos mataron al vinilo no a la música, del mismo modo que el MP3 lo está haciendo con los CD.
Ahora se habla de que la “napsterización” (término acuñado a partir del escándalo de Nápster y el intercambio de música gratuita) alcanzará a los libros con el reciente lanzamiento del BookSnap, el primer dispositivo de uso hogareño que permite “liberar el contenido” de los libros y transformar las palabras impresas en archivos digitales. Google –vanguardia en semantización de la web- ya lo está haciendo con equipos propios de 100.000 dólares que digitalizan bibliotecas enteras y por ello enfrenta causas judiciales, pero el BookSnap –aún grande y poco práctico- cuesta 1.600 dólares y en poco tiempo puede haber millones de personas escaneando todo el papel que haya en casa.
Y tal vez ese papel sea también un diario. El diario 1.0 era el impreso subido a la web. El diario 2.0 es dinámico, cambia las 24 horas, con lectores que escriben y generan noticias y usuarios que configuran la información de acuerdo a sus necesidades. El diario 3.0 será 100 % personalizado, pero no por el usuario, sino por una aplicación que “comprenderá” lo que a esa persona le interesa y cuya noticia principal haya sido generada o modificada por otro usuario y cuyo título diga: “El lector ha muerto, viva el lector”. LA GACETA





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