03 Abril 2008 Seguir en 
Llegar o no llegar, esa es la cuestión. Con pisar suelo porteño y enchufar la viola no alcanza, pero tampoco debería ser el objetivo final. Pero la realidad muestra que desde acá es poco lo que se puede hacer. O mucho, si los objetivos sólo pasan por la diversión y el entretenimeinto del músico y sus amigos.Es cierto que en Buenos Aires pasa todo y se cocina el resto. Y también es verdad que desde el interior es mucho más difícil hacerse un lugar en la escena nacional, aunque sea por los márgenes. Hay que estar ahí.
Es difícil, pero no imposible. Al menos la experiencia de Karma Sudaca así lo demuestra, aunque todavía falta confirmar que el detonador está bien colocado y que habrá explosión. No hay demasiados antecedentes de una banda del interior que haya logrado firmar un contrato con una multinacional y luego con otra, que haya tocado en los escenarios más importantes del país, sin radicarse allá. Es un caso que muchas bandas elogian, y no se trata sólo de valoraciones estéticas o artísticas.
Karamelo Santo, por ejemplo, tuvo que abandonar Mendoza para empezar a ver la fruta dulce de su trabajo. Tal vez a los rosarinos, por una cuestión geográfica, les resulta más fácil, aunque no hay más de tres grupos jugando en primera (y peleando el descenso).
Nadie dijo que sería fácil, y es muy poco probable que la experiencia de Karma pueda repetirse. Las explicaciones de este fenómeno habrá que pedírselas a sus seguidores pasados y futuros.
También es cierto que por diferentes motivos el rock tucumano perdió gran parte del brillo que tuvo en distintos momentos de su historia, y la chatura sigue en auge, frenando el crecimiento del circuito.












