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Jueves 3 de Abril de 2008
4 AM
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La historia de José Miel es diferente a las demás. La banda empezó como un proyecto a la distancia entre los hermanos Sebastián y Leandro Díaz Romero. El primero, radicado en Buenos Aires, el segundo todavía en Tucumán, empezaron a grabar canciones que se convirtieron en disco.
“Las dos o tres primeras tocadas, cuando armamos la banda para tocar esas canciones, fueron en Tucumán. Pero al toque ya nos vinimos a Buenos Aires”, explica Leandro, el bajista que ya vive allá.
La decisión estaba tomada, y Buenos Aires era el destino elegido. “No es que hayamos dicho ‘en Tucumán no’, sino que queríamos estudiar cosas afines a la música y mover la banda desde acá, porque en nuestra provincia es muy difícil”, señala el tucumano que todavía mantiene el acento intacto.
Para Leandro, que conoce bastante bien la escena local, la distancia, la difícil decisión de dejar todo, y los problemas económicos, conspiran contra las bandas. “Es como que se estancan mucho, es difícil moverse desde Tucumán. Ahí podés tocar cada tres meses, y si aspirás a profesionalizarte y a hacer bien las cosas, necesitás tocar en vivo mucho más. Por eso, la movida se agota muy rápido”, aclara, y cuenta lo que pasó con Amanda, banda que integró y que habría tenido su gran oportunidad si hubiera abandonado el pago.
José Miel viene cosechando buenas críticas, el publico porteño está empezando a reconocer al grupo y el esfuerzo está dando resultados. El suplemento No de Página/12, por ejemplo, ubicó su disco “José Miel” en segundo lugar en una lista de 101 trabajos independientes del último año.
“Está muy bueno ponerse a prueba si querías ser profesional, porque cuando llegas a Buenos Aires no sabés si sos una hormiga que está lejísimos de lo que hacías. Acá cambia todo: la forma de grabar, de tocar... Es una buena experiencia”, dice en la despedida.