"Nunca vi tantos ataques a un gobierno popular"
Una multitud fue a Plaza de Mayo a apoyar a la Presidenta, quien pidió a los manifestantes que dejen pasar alimentos por las rutas. La jefa de Estado recordó que en los días previos al golpe de 1976, las entidades rurales hicieron un lock out similar al actual. Convocó al "gran acuerdo del Bicentenario".
02 Abril 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La presidenta Cristina Fernández de Kirchner encabezó ayer un multitudinario acto de apoyo al gobierno en la Plaza de Mayo, donde asoció la protesta del agro con el golpismo; reclamó que se levanten los cortes de rutas para evitar el desabastecimiento y convocó para el 25 de Mayo a todos los sectores del país a elaborar un “gran acuerdo del Bicentenario”. En un escenario montado justo frente a la puerta principal de la Casa Rosada, Cristina Kirchner apeló a la liturgia peronista, llenando una plaza simbólica, lo que se interpretó como una demostración de fuerza en su enfrentamiento con el campo por la aplicación de retenciones móviles.
El de ayer fue el cuarto discurso que la Presidenta brinda en tan sólo una semana, en la que varió de un tono confrontativo a otro más conciliatorio, y viceversa. “Nunca habían venido en tan corto tiempo tantos ataques a un gobierno surgido del voto popular”, afirmó la Presidenta, en la apertura de su discurso y frente a una Plaza de Mayo colmada de manifestantes, que superó la convocatoria encabezada por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2006 (“denominada La Plaza del Sí”) en el punto de partida de la carrera presidencial.
El discurso de ayer, que transcurrió durante 27 minutos, colocó a los impulsores de la protesta agropecuaria, y sus ecos en las ciudades, en el lugar del “pasado que pareciera querer volver”, y enseguida recordó que “el 24 de febrero de 1976 también hubo un lock out patronal protagonizado por las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante del desabastecimiento del pueblo”.
“Esta vez no han venido acompañado de tanques, sino por algunos ‘generales” multimediáticos que, además de apoyar el lock out al pueblo, han hecho un lock out de la información, cambiando, tervigersando, mostrando una sola cara”, acusó la Presidenta; confió su fortaleza en el voto popular y aseguró que quienes habían asistido a la plaza lo hicieron en apoyo al Gobierno, pero también “en defensa propia de sus trabajos, de sus ilusiones, de sus conquistas”.
Kirchner, el acompañante
La Presidenta llegó al palco acompañada por su antecesor y esposo, Néstor Kirchner, y se dirigió a la multitud de pie, mientras a sus espaldas se veía a ministros, gobernadores, legisladores y dirigentes kirchneristas.
Debajo convivieron sin inconvenientes columnas de sindicatos, que incluyeron diferentes vertientes del entramado de la CGT y la CTA, al igual que justicialistas y kirchneristas no peronistas. Los manifestantes comenzaron a llegar a la plaza después del mediodía en medio de un riguroso operativo policial con 600 efectivos que organizaron la llegada de las distintas columnas al lugar y su posterior ubicación. Cantaron consignas en contra del campo y mantuvieron el constante retumbar de las batucadas que, por momentos, llegaba a aturdir. El llamado a defender las conquistas sociales marcó una inflexión en el discurso de la Presidenta que a partir de entonces viró a un tono componedor, matizado con enfáticos pedidos de liberación de las rutas cortadas por los productores agropecuarios.
“Si los hace felices (sic) agraviarme sigan haciéndolo, pero por favor no agravien más al pueblo, dejen las rutas para que los argentinos puedan acceder a los alimentos”, exclamó. En el único anuncio que incluyeron sus palabras, Cristina convocó a “todos los sectores económicos y sociales, sindicatos y empresas, para que el 25 de Mayo”, dejando atrás “fracasos, frustraciones y desencuentros y participando del gran acuerdo del Bicentenario”. Aludió así a la convocatoria al pacto social lanzada durante su campaña presidencial, pero sin sumar precisiones. Luego, dirigiéndose a los asistentes, pidió que la ayuden “a poder seguir luchando porque sola no puedo. “Necesito de la fuerza indestructible e inagotable del pueblo”, agregó.
El cierre incluyó una referencia a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo (el momento en que la jefa de Estado exteriorizó gestos de emoción) y una nueva exhortación a los ruralistas para que liberen el paso de las rutas. La multitud se despidió con el grito de “Argentina, Argentina”; la Presidenta recibió el pañuelo blanco de la madre de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, y una lluvia de papeles blancos y azules precedió a la tormenta que se desató cuando la plaza comenzaba a despejarse. (DyN-NA-Especial)
El de ayer fue el cuarto discurso que la Presidenta brinda en tan sólo una semana, en la que varió de un tono confrontativo a otro más conciliatorio, y viceversa. “Nunca habían venido en tan corto tiempo tantos ataques a un gobierno surgido del voto popular”, afirmó la Presidenta, en la apertura de su discurso y frente a una Plaza de Mayo colmada de manifestantes, que superó la convocatoria encabezada por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2006 (“denominada La Plaza del Sí”) en el punto de partida de la carrera presidencial.
El discurso de ayer, que transcurrió durante 27 minutos, colocó a los impulsores de la protesta agropecuaria, y sus ecos en las ciudades, en el lugar del “pasado que pareciera querer volver”, y enseguida recordó que “el 24 de febrero de 1976 también hubo un lock out patronal protagonizado por las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante del desabastecimiento del pueblo”.
“Esta vez no han venido acompañado de tanques, sino por algunos ‘generales” multimediáticos que, además de apoyar el lock out al pueblo, han hecho un lock out de la información, cambiando, tervigersando, mostrando una sola cara”, acusó la Presidenta; confió su fortaleza en el voto popular y aseguró que quienes habían asistido a la plaza lo hicieron en apoyo al Gobierno, pero también “en defensa propia de sus trabajos, de sus ilusiones, de sus conquistas”.
Kirchner, el acompañante
La Presidenta llegó al palco acompañada por su antecesor y esposo, Néstor Kirchner, y se dirigió a la multitud de pie, mientras a sus espaldas se veía a ministros, gobernadores, legisladores y dirigentes kirchneristas.
Debajo convivieron sin inconvenientes columnas de sindicatos, que incluyeron diferentes vertientes del entramado de la CGT y la CTA, al igual que justicialistas y kirchneristas no peronistas. Los manifestantes comenzaron a llegar a la plaza después del mediodía en medio de un riguroso operativo policial con 600 efectivos que organizaron la llegada de las distintas columnas al lugar y su posterior ubicación. Cantaron consignas en contra del campo y mantuvieron el constante retumbar de las batucadas que, por momentos, llegaba a aturdir. El llamado a defender las conquistas sociales marcó una inflexión en el discurso de la Presidenta que a partir de entonces viró a un tono componedor, matizado con enfáticos pedidos de liberación de las rutas cortadas por los productores agropecuarios.
“Si los hace felices (sic) agraviarme sigan haciéndolo, pero por favor no agravien más al pueblo, dejen las rutas para que los argentinos puedan acceder a los alimentos”, exclamó. En el único anuncio que incluyeron sus palabras, Cristina convocó a “todos los sectores económicos y sociales, sindicatos y empresas, para que el 25 de Mayo”, dejando atrás “fracasos, frustraciones y desencuentros y participando del gran acuerdo del Bicentenario”. Aludió así a la convocatoria al pacto social lanzada durante su campaña presidencial, pero sin sumar precisiones. Luego, dirigiéndose a los asistentes, pidió que la ayuden “a poder seguir luchando porque sola no puedo. “Necesito de la fuerza indestructible e inagotable del pueblo”, agregó.
El cierre incluyó una referencia a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo (el momento en que la jefa de Estado exteriorizó gestos de emoción) y una nueva exhortación a los ruralistas para que liberen el paso de las rutas. La multitud se despidió con el grito de “Argentina, Argentina”; la Presidenta recibió el pañuelo blanco de la madre de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini, y una lluvia de papeles blancos y azules precedió a la tormenta que se desató cuando la plaza comenzaba a despejarse. (DyN-NA-Especial)
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