Violencia familiar: una pesadilla dentro de casa

La sensibilidad social sobre los casos de violencia familiar es una de las principales causas que funciona como motor de denuncia y que dejan en evidencia una conducta que hasta hace pocos años parecía invisible.

09 Mar 2008
2

SIN REFUGIO. Hay mujeres que necesitan irse del hogar para resguardar su integridad física y emocional pero no tienen donde alojarse con sus hijos.

Por miedo, falta de información, de medios económicos y de contención emocional, numerosas víctimas permanecen durante muchos años en un verdadero calvario. A menudo sostienen la situación y tratan de ocultarla, para resguardar a los hijos. Desconocen que éstos se dan cuenta de lo que sucede y sufren un trauma más serio que el ocasionado por una separación.
Hay mujeres que necesitan irse del hogar para resguardar su integridad, pero no tienen dónde alojarse con sus hijos. Ni la propia familia se quiere hacer cargo, por temor a sufrir alguna consecuencia de parte del agresor. Cuando consigue separarse, es frecuente que el agresor quede en contacto con los hijos y les inculque el odio contra la madre, descalificándola y haciéndola responsable por la ruptura de la familia.
La Asociación Atenea colaboró desde 2006 en la elaboración de un proyecto de ley de refugio para víctimas, y otra de registro de padres obstructores de los vínculos con los hijos. Pero no han llegado a tratarse en la Legislatura.

Guía y apoyo emocional
Toda mujer que ingresa al Departamento de Violencia Familiar del municipio (avenida Roca 255), accede a los grupos de autoayuda y recibe apoyo emocional, acompañamiento en las gestiones legales, trámites para su inserción laboral y otras acciones. "Las recibimos, les brindamos afecto, las derivamos a los centros donde serán bien atendidas y hacemos el seguimiento del caso", comentó Regina Perea, de la Asociación Atenea.
Sus integrantes intervinieron en casos graves donde se hacía necesaria la presencia de mujeres que hubieran pasado por la misma situación.
"Ayudamos a víctimas que, a pesar de la ayuda económica que les daba el Estado para que pudieran vivir solas, volvían continuamente con su pareja. Estaban en riesgo de muerte ellas y sus hijos. Tratamos de que salieran de esa situación patológica, de que lograran romper su vínculo con el agresor", explicó Perea.
"La mujer golpeada no ve la salida. Le parece imposible, porque no tiene un trabajo, sus hijos son chicos y la sociedad minimiza el problema. La misma Justicia y los medios hablan de ?crimen pasional?, algo que connota infidelidad y culpabiliza a la mujer", agregó.
Carmen, una de las integrantes del grupo estuvo colaborando en el Centro de Atención a la Víctima, en Don Bosco 1886, y vio que muchas mujeres que se atreven a denunciar no son tratadas con la seriedad que merecen. "Si la mujer no va medio muerta, no le toman la denuncia. Le dicen cosas como: ?Dale otra oportunidad?... No entienden que cuando una se anima a denunciar es porque ya ha llegado a un punto insoportable. En muchas comisarías dicen: ?Qué habrás hecho vos? y no le dan importancia. Por eso hay casos que llegan a la muerte", afirmó Carmen.

Gritos en el vacío
Por lo general, en la Justicia, las defensorías oficiales civiles y penales no ofrecen un servicio efectivo que ayude a la víctima a escapar del infierno en que se encuentra. Sólo a través del consultorio gratuito del Colegio de Abogados se obtuvieron algunos resultados positivos, según detectó la asociación.
"Todo acto de golpes y lesiones, así como las amenazas de muerte, deberían tramitarse por la vía penal. Pero nunca prosperan. Nunca se llega a encarcelar a un agresor, salvo cuando la víctima queda malherida o muerta. Incluso hay casos como el ocurrido hace poco en Tucumán, en que la mujer fue baleada y después levantó la denuncia porque no tenía medios para vivir separada de su marido", señalaron.
También comprobaron que la Justicia casi nunca cita a las víctimas para que ratifiquen sus denuncias, a pesar de que la ley establece que se lo debe hacer en un plazo de 24 horas. Ni siquiera se les informa sobre sus derechos. El proceso penal, entonces, queda sin efecto.
Todas las mujeres creen que con poner la denuncia en la Policía es suficiente, pero es en las comisarías donde muere la mayoría de los intentos, según afirmaron las integrantes del grupo. En muchas comisarías se niegan a recibir la denuncia o extienden una simple constancia por "desavenencia conyugal".
"Mi ex marido es policía. Cuando fui a denunciar en la comisaría, al enterarse de eso me dijeron que no me convenía denunciarlo. Que él iba a quedar sin empleo y que mis hijos no iban a tener qué comer -contó Raquel (45)- Además, en los juzgados civiles también hay maltrato por parte de las personas que atienden".
Regina considera que el personal policial destinado a esta área debería ser seleccionado en virtud de su calidad humana. "También debería ser gente que sea sensible y se interese por la violencia familiar", propuso.
En algunas raras ocasiones, la víctima encuentra en la Policía una adecuada contención. Tal como le sucedió a Sonia (46). "Yo he tenido esa buena suerte. Un agente de apellido Lazarte, de la comisaría 12, me ha tomado la denuncia y me ha dicho: ?Señora, por favor no le abra la puerta a su marido. Si quiere le mando un oficial para que vigile en el momento en que él vuelva -recordó-. Pero mi caso ha sido un milagro. La gran mayoría no encuentra esa contención".
Sonia estuvo casada durante siete años con un ex sacerdote, que la sometió a maltrato psicológico y -en los tramos finales de la convivencia- a violencia física, según contó.

El dúo perfecto

Los victimarios:
- Puede ser hombres o mujeres y suelen ser personas autoritarias.
- Egocéntricas y egoístas.
- Miedosas.
- Sienten y hacen creer que son omnipotentes.
- Son excelentes simuladores: pueden ser personas violentas en casa pero educados y respetuosos en el ámbito laboral o social.
- Entre sus antecedentes tienen siempre momentos o situaciones en las que fueron maltratados o testigos de actos violentos. Generalmente en la infancia. i

Las víctimas:
- Es sometida y servicial.
- Resignada y demandante.
- Insegura, abnegada.
- Es muy dependiente.
- Tienen baja autoestima.
- Se sienten indefensas.
- No pueden responder por sí mismas, dudan de ellas mismas.
- Acepta el esquema de dominación porque así le enseñaron y lo asimila como normal. Sin embargo, cuando comienza a notar la violencia puede creer que se está volviendo loca.

Comentarios