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No hay una cultura del esfuerzo, dicen los jóvenes

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Domingo 5 de Agosto de 2007 | Estudiantes creen que la motivación es una condición indispensable para que la gente se esmere. Aseguran, además, que la sociedad arremete contra el hombre que se esfuerza.

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El que no trabaja no come. La gente no vive del maná, sino del esfuerzo. Sin embargo, esa palabra ya no se escribe. Tampoco se fomenta.
La sociedad y su núcleo -la familia- no están transmitiendo una idea de cultura del esfuerzo. La mayoría de los jóvenes tiene una actitud facilista y los mayores no ponen el empeño suficiente para cambiar esa situación. Un grupo de alumnos del colegio Sagrado Corazón expone sus opiniones sobre la motivación y el empeño.
“La juventud es muy apática. No trabaja demasiado y carece de compromisos. Y el que no se compromete, tampoco se esfuerza”, sentencia Ezequiel Martín López. A su juicio, gane o pierda, quien se esfuerza tiene la satisfacción de no haberse quedado de brazos cruzados.
Rafael López Guzmán, presidente del club estudiantil, advierte que el éxito de Andrés Romero, por ejemplo, es genuino porque se esforzó para llegar al lugar donde está. “El construyó su casa sobre rocas, por eso no se derrumbará. Pero quienes buscan ser reconocidos desnudándose o apareciendo en la televisión están armando castillos sobre la arena. Esa es una fama efímera”, apunta.
“Esforzarse es difícil porque los resultados no llegan rápido. En la vida hay que aprender a ganarse las cosas por sí mismo y a tener fortaleza para soportar las presiones de la sociedad que, por lo general, van en contra del hombre que se esfuerza”. El que habla es Juan Manuel Vázquez, otro de los organizadores de la semana del colegio, que comienza mañana y cuyo lema es, justamente, una exhortación al esfuerzo.

Humildes y perseverantes
Fernando Padilla -quien es vicepresidente del club colegial- dice que probablemente el esfuerzo se halla en declive porque mucha gente opta por el camino fácil para llegar a sus objetivos. “La tecnología pone tantas cosas a nuestra disposición, que casi no nos empeñamos”, reflexiona.
A modo de ejemplo, su compañero Juan Pablo Abdelnur lo interrumpe y explica que, a la hora de estudiar, internet facilita la respuesta a cualquier interrogante. Años atrás, en cambio, había que quemar pestañas en vez de mover un ratón.
De hecho, Fernando cree que la actual es una generación que tiene demasiadas cosas. “Nuestros padres nos han dado todo. Tal vez por eso carecemos de fuerza de voluntad”, piensa en voz alta.
Desde la perspectiva de los chicos, la humildad, la perseverancia y la responsabilidad son las tres virtudes de quienes se esfuerzan. La vagancia, en contrapartida, el defecto de los desanimados. “El ‘facilismo’ es muy evidente entre los políticos porque ellos no están comprometidos con la comunidad y porque optan por comprar votos en lugar de esforzarse trabajando para que la gente los elija”, apunta Gonzalo Felipe, también integrante del centro estudiantil.
Desde la altura de sus 17 años, están convencidos de que un requisito ineludible y previo al esfuerzo es plantearse objetivos. Sólo quienes tienen propósitos, sudan por ellos. “El camino del afán se abre con las metas. Los que llevan una vida desordenada no cultivan la cultura del sacrificio, sino de la vagancia”, sentencian.
Los jóvenes también reconocen que en varias oportunidades debieron y deben ejercitar su perseverancia. “Soy tímido y constantemente lucho para mostrarme más confiado en mí mismo. Sé que la vergüenza a veces me impide alcanzar mis objetivos”, admite Fernando.
“Cuando tenía 13 años, mientras jugaba al rugby, sufrí un golpe en los riñones. Ahí aprendí el esfuerzo de la resignación, porque fue muy duro a esa edad dejar el deporte que practicaban todos mis amigos”, testimonia Gonzalo.
También Juan Pablo tuvo que aprender a esforzarse desde temprana edad. El chico recuerda que durante su niñez puso muchos bríos en el estudio para satisfacer a sus padres. “Es difícil levantarse después de una caída, pero sólo quienes se esfuerzan pelean hasta el final”, concluye.

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