11 Febrero 2007 Seguir en 
De los últimos seis crímenes que conmocionaron a los tucumanos, cinco mujeres fueron imputadas como supuestas autoras; en otro aún no se determinó al o a los autores, y en el restante, está incriminado un hombre. Salvo en un caso, entre las víctimas, siempre hubo mujeres.
La trágica lista comenzó a escribirse el 26 de noviembre de 2004. Según la Justicia, aquel día, Ema Gómez, que habría estado acompañada por los oficiales Darío Pérez y Andrés Faversani, fue una de las que disparó el arma con la que fue asesinado el juez de Menores Héctor Agustín Aráoz.
El 7 de enero de 2005, Nora Rivadeneira fue detenida bajo el cargo de haber envenenado a su esposo José Herrera (64) y a sus nietos Daniel (13), Nancy Vildoza (9) y Carlos Ledesma (1). La mujer está acusada de homicidio agravado por el vínculo.
El 31 de julio pasado, Angela Beatriz Argañaraz se dirigía a dar clase en el Padre Roque Correa, colegio donde se preparaba para asumir la dirección. Nunca llegó. Desapareció y, para la Justicia, Nélida del Valle Fernández, su hermano Luis, y Susana del Carmen Acosta, habrían secuestrado y asesinado a la docente en su departamento de Catamarca primera cuadra.
El 6 de febrero, Liliana del Valle Cruz desapareció misteriosamente. Dos días después, la encontraron descuartizada, en la farmacia de María del Valle Dip. Esta amiga, con la que mantenía una relación muy cercana, había despistado a los investigadores que buscaban a la contadora.
El 26 de febrero de 2006, Paulina Lebbos, después de haber ido a bailar con unos amigos, desapareció misteriosamente. Su cuerpo fue hallado 11 días después en Raco. Se sospecha que fue raptada para concretar un ataque sexual y que después fue asesinada. Sin embargo, hasta ahora, nadie se atreve a asegurar que alguna mujer haya tenido alguna participación en el crimen.
La excepción
El homicidio de María Fernanda Chaila es la excepción. La joven habría sido asesinada por Lucas González el 29 de mayo pasado en el edificio de una repartición pública. Entre los casos hay algunos puntos en común. En tres (Lebbos, Argañaraz y Cruz) los policías comenzaron a buscar mujeres que habían desaparecido misteriosamente. Salvo en el caso de “Betty”, los pesquisas encontraron los cuerpos de las víctimas que fueron asesinadas.
Zonas y condición social
Cuatro de los seis homicidios se cometieron en la capital; tres de ellos, dentro de las cuatro avenidas. El crimen del juez Aráoz se desencadenó en Yerba Buena y el múltiple envenenamiento, en una humilde vivienda de La Madrid.
Los casos de Argañaraz y de Cruz, según los investigadores, son los que más se asemejan. Las coincidencias son varias, pero se destacan que habrían sido cometidas por móviles económicos; que ambas víctimas habrían sido citadas a las casas de las acusadas mediante distintos engaños y que las sospechosas intentaron engañar a los investigadores con coartadas falsas.
Todas las acusadas, salvo Rivadeneira, pertenecen a la clase media. Acosta -docente- y Dip -médica-, son las únicas que ostentan un título. Fernández y Gómez son empleadas públicas.
En tanto, la mujer del sur era ama de casa y no sabría leer ni escribir.
La trágica lista comenzó a escribirse el 26 de noviembre de 2004. Según la Justicia, aquel día, Ema Gómez, que habría estado acompañada por los oficiales Darío Pérez y Andrés Faversani, fue una de las que disparó el arma con la que fue asesinado el juez de Menores Héctor Agustín Aráoz.
El 7 de enero de 2005, Nora Rivadeneira fue detenida bajo el cargo de haber envenenado a su esposo José Herrera (64) y a sus nietos Daniel (13), Nancy Vildoza (9) y Carlos Ledesma (1). La mujer está acusada de homicidio agravado por el vínculo.
El 31 de julio pasado, Angela Beatriz Argañaraz se dirigía a dar clase en el Padre Roque Correa, colegio donde se preparaba para asumir la dirección. Nunca llegó. Desapareció y, para la Justicia, Nélida del Valle Fernández, su hermano Luis, y Susana del Carmen Acosta, habrían secuestrado y asesinado a la docente en su departamento de Catamarca primera cuadra.
El 6 de febrero, Liliana del Valle Cruz desapareció misteriosamente. Dos días después, la encontraron descuartizada, en la farmacia de María del Valle Dip. Esta amiga, con la que mantenía una relación muy cercana, había despistado a los investigadores que buscaban a la contadora.
El 26 de febrero de 2006, Paulina Lebbos, después de haber ido a bailar con unos amigos, desapareció misteriosamente. Su cuerpo fue hallado 11 días después en Raco. Se sospecha que fue raptada para concretar un ataque sexual y que después fue asesinada. Sin embargo, hasta ahora, nadie se atreve a asegurar que alguna mujer haya tenido alguna participación en el crimen.
La excepción
El homicidio de María Fernanda Chaila es la excepción. La joven habría sido asesinada por Lucas González el 29 de mayo pasado en el edificio de una repartición pública. Entre los casos hay algunos puntos en común. En tres (Lebbos, Argañaraz y Cruz) los policías comenzaron a buscar mujeres que habían desaparecido misteriosamente. Salvo en el caso de “Betty”, los pesquisas encontraron los cuerpos de las víctimas que fueron asesinadas.
Zonas y condición social
Cuatro de los seis homicidios se cometieron en la capital; tres de ellos, dentro de las cuatro avenidas. El crimen del juez Aráoz se desencadenó en Yerba Buena y el múltiple envenenamiento, en una humilde vivienda de La Madrid.
Los casos de Argañaraz y de Cruz, según los investigadores, son los que más se asemejan. Las coincidencias son varias, pero se destacan que habrían sido cometidas por móviles económicos; que ambas víctimas habrían sido citadas a las casas de las acusadas mediante distintos engaños y que las sospechosas intentaron engañar a los investigadores con coartadas falsas.
Todas las acusadas, salvo Rivadeneira, pertenecen a la clase media. Acosta -docente- y Dip -médica-, son las únicas que ostentan un título. Fernández y Gómez son empleadas públicas.
En tanto, la mujer del sur era ama de casa y no sabría leer ni escribir.









