VIOLENCIA JUVENIL - NUEVO INCIDENTE

El caso Pérez Acosta dejó secuelas irreversibles en dos familias

A 10 años del ataque, Alvaro aún está tratando de volver a caminar. El juicio. Manuel Pérez Acosta asegura que los agresores son cada vez más chicos y que no vislumbra una solución.
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El 27 de julio de 1996 ocurrió uno de los episodios más estremecedores de violencia juvenil que se hayan registrado en la provincia. En la madrugada de aquel día, Alvaro Pérez Acosta, de 23 años, fue brutalmente patoteado por los hermanos Cristian y Fabián Jensen.
Alvaro había concurrido a un boliche con su novia. Allí se suscitó un incidente con Fabián Jensen, que quiso llevar a bailar por la fuerza a la joven. Cuando la pareja se retiraba, los hermanos atacaron al muchacho. Cristian le dio un cabezazo y lo hizo trastabillar. Alvaro cayó; el agresor lo tomó del cuello y le golpeó la cabeza contra el pavimento. Luego, Fabián Jensen lo pateó varias veces. Pero no terminó allí la golpiza. Cristian volvió a levantar la cabeza de la víctima, y otra vez lo golpeó contra el pavimento, mientras Fabián lo pateaba en el tórax. Alvaro ya estaba inconsciente. Luego, ambos huyeron, pero fueron detenidos a las pocas horas. Alvaro fue llevado en estado de coma a un sanatorio.
El 8 de setiembre de 1997 se inició el juicio. Durante las audiencias, que se extendieron hasta el 30 de setiembre, declararon varios médicos, que detallaron las graves lesiones que había sufrido Alvaro. Finalmente, los hermanos Cristian y Fabián Jensen fueron condenados a ocho años de prisión.

La enseñanza del dolor
Casi un año después del fallo, Liliana Solivellas, mientras sus hijos seguían en la cárcel, aseguró en una entrevista con LA GACETA: “nosotros hemos aprendido muchísimo. Alguien alguna vez dijo que nada enseña tanto como el dolor, y puedo asegurar que es verdad. No sé si la sociedad aprendió, creo que lo menos que se puede hacer como sociedad es no juzgar, no dividir, conciliar y seguir siendo solidarios con todos”. A partir del lunes 3 de enero de 2000, los Jensen comenzaron a salir con permisos extramuros, y actualmente ya cumplieron la condena. Durante su encierro en el penal de Villa Urquiza fueron atacados en diversas oportunidades por otros reclusos, e incluso resultaron lesionados, por lo que debieron ser atendidos en hospitales. Ayer, Manuel Pérez Acosta aseguró que no quiso leer lo que le había sucedido al martillero Francisco González. “Es el mismo caso de mi hijo”, aseguró. Pérez Acosta afirmó que hoy hay mucha más violencia que hace una década. “Los agresores son cada vez más chicos. Sinceramente, la sociedad está muy mal, y por ahora no le veo una salida a este problema. Los adultos deberíamos preguntarnos qué sociedad les estamos dejando a nuestros hijos”, dijo. Alvaro, por su parte, aún sufre graves secuelas del irracional ataque. Hoy, a más de 10 años del ataque, está intentando volver a caminar.