TRIBUNALES - JUICIO ORAL

Conti pasará gran parte de su vida tras las rejas

Luego de dos meses de audiencias, el joven fue condenado a reclusión perpetua por los homicidios de dos remiseros ocurridos en 2004. La pericia de ADN y la de balística fueron determinantes para el fallo.
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RUMBO A VILLA URQUIZA. Conti es sacado de la sala de juicio por dos policías, luego de escuchar la sentencia. LA GACETA / FRANCO VERA

Estaba tan seguro de que su suerte estaba echada, que ni siquiera se inmutó cuando el secretario de la sala IV de la Cámara Penal, Luis Acosta, leyó la sentencia: “reclusión perpetua”. Carlos Roberto Conti continuó masticando su chicle, impávido, mientras Eva Argentina Pereyra, la madre de uno de los remiseros a los que Conti asesinó, rompía en llanto y abrazaba una foto de su hijo.
Los jueces Carlos Ruiz Vargas, Marta Cavalloti y Emilio Páez de la Torre tardaron dos horas en redactar la sentencia y en ponerse de acuerdo en los detalles finales. El resultado de las pericias que se dio a conocer en las últimas jornadas fue contundente. Los cuerpos encontrados en los primeros meses de 2004 eran efectivamente los de los remiseros Marcelo Pereyra y Carlos Salazar, hecho que se confirmó a través de pericias de ADN realizadas por el Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de Buenos Aires. Pero además, a ambos los mataron con un disparo en la cabeza con un revólver calibre 32 que era propiedad del padre de Conti, tal como lo demostró una pericia balística realizada en la Policía Federal en Buenos Aires. Justamente, ayer declaró el perito subcomisario Jorge Rodríguez, de la Policía Federal quien, a pesar de los planteos de los defensores de Conti, Luis Acosta y Walter Ojeda no dejó dudas. “Del análisis que realizamos podemos afirmar que los proyectiles fueron disparados con esa arma”, indicó incluso cuando la duda la planteó el vocal Páez de la Torre.  Tras esto, y luego de escuchar las últimas palabras del imputado, pasaron a deliberar.
Por el tipo de delito (homicidio agravado por el ensañamiento o la alevosía y para preparar, facilitar, consumar u ocultar otro delito, en este caso el robo de los automóviles de las víctimas, que luego eran desarmados y vendidos para adquirir drogas), cabían o la reclusión perpetua, solicitada por la fiscal Marta Jerez de Rivadeneira, o la absolución pedida por los defensores. Los jueces no tuvieron dudas. Por unanimidad decidieron condenar a Conti y enviarlo nuevamente a la cárcel, donde está desde 2004, cuando la Policía lo detuvo. Los magistrados, además, decidieron que Conti debía pagar $ 200.000 a la familia de Pereyra en concepto de daño moral, aunque la suma solicitada por el querellante Jorge Lobo Aragón por distintos aspectos ascendía a $ 2,5 millones e involucraba al padre del condenado, lo que fue desestimado por los jueces.
De esta forma terminó uno de los casos más resonantes de los últimos años. En los allanamientos que realizó la Policía se encontraron elementos que complicaron la situación del imputado. Entre ellos se cuentan, además del arma, partes del Ford Fiesta que manejaba Salazar, hallados en la finca de la familia del imputado en Río Colorado, y el gato hidráulico del Ford Escort que conducía Pereyra, que fue hallado en un taller mecánico al que el sospechoso había llevado el vehículo. Pero, además, se confirmó que Conti utilizó el celular de Pereyra para llamar a varios de sus amigos, con quienes quería organizar un asado. Ayer, las medidas de seguridad se extremaron, para que no haya nuevos incidentes, como los del martes, y el presidente del Tribunal, Ruiz Vargas advirtió que ante la más mínima expresión durante la lectura de la sentencia, desalojaría la sala. Al final, nada ocurrió. Y hasta Eva Pereyra debió ahogar el llanto mientras Conti, esposado, era sacado rápidamente hasta el furgón penitenciario que lo esperaba en la puerta.

“No hice nada”, dijo el acusado antes de la sentencia

“Parece que se quiere condenar a Carlos Conti nada más que por ser Conti. ¿Por qué?”. Las palabras del imputado, poco antes de conocerse la sentencia, dejaron perpleja a la mayoría de quienes estaban en la sala. “Quién se cree este que es”, se escuchó decir desde el fondo.
Fue la segunda vez que el imputado hizo uso de la palabra. Durante toda la audiencia, por consejo de su abogado, se negó a declarar. Habló tras los alegatos, el 28 de junio, cuando dijo que era inocente, y que él no había matado a los remiseros. Ayer reafirmó esa idea. “No hice nada. Soy inocente. Ustedes mismos deben tener las mismas dudas que yo, ya que las pericias no fueron claras”, aseguró, mirando a los jueces. Luego, y tras un “nada más, presidente”, se levantó y volvió a sentarse junto a sus abogados.
Eva Pereyra lloró durante más de dos meses que duró la audiencia. “Ahora mi hijo puede descansar en paz”, dijo la mujer tras la sentencia. “Siento mucha lástima por la familia de este chico, que estará tanto tiempo tras las rejas, pero yo estoy destrozada por el dolor. Marcelo era mi vida”, aseguró. “Su condena no es suficiente para mí. Esto no me va a devolver a mi hijo”, agregó. La mujer, además, aseguró: “siempre confié en la Justicia. Siempre supe que lo iban a condenar”. Noemí Salazar, una de las hijas de Carlos Salazar, fue más dura. “Quiero que no salga más de la cárcel. Ahora estoy un poco más tranquila. El es culpable de la muerte de mi padre”.


Cronología del caso

* Carlos Salazar,  de 55 años, fue asesinado el 1 de enero de 2004, luego de que Carlos Conti se subió a su remise Ford Fiesta, tras haber compartido la fiesta de fin de año con su familia en Yerba Buena.

* Partes del automóvil fueron encontradas en la finca de Río Colorado que pertenece a la familia de Carlos Conti.

* El cuerpo del remisero fue hallado en un descampado de Lules varias semanas después. Le habían dado un disparo en la cabeza.

* Claudio Pereyra ,de 28 años, fue asesinado el 25 de febrero cuando Conti abordó su automóvil en Tafí del Valle, de donde era oriundo el remisero.

* El cadáver de pereyra fue encontrado en La Ciénaga, Santa Lucía, el 10 de marzo. También le habían dado un disparo en la cabeza.

* El joven conducía un Ford Escort gris que apareció incendiado el 4 marzo de ese año en calle San Juan al 2.600, en San Miguel de Tucumán. Lo incendiaron para borrar pruebas.

* Conti fue arrestado el 5 de marzo de 2004 y desde entonces está detenido.




El imputado, además, deberá pagar $ 200.000 por daño moral. Los familiares