Galería 16 fotosEl rito del agua. Antes de comenzar la reunión, y después de cada carrera, se riega la arena para mantener la pista principal en buenas condiciones.
Saludan con un relincho y luego se acercan con sus pescuezos finos y ancas relucientes. Cada domingo, los caballos estampan sus herraduras en los pedregales del Hipódromo de Tucumán. Fotografías de Analía Jaramillo/LA GACETA
La mirada perdida. Los caballos cruzaron el disco... ¿y qué fue del favorito? Es cuestión de romper los boletos y esperar la revancha en la próxima carrera.
Preparando la aventura. El cuidador Manuel Assad dobla la manta con la que llegó uno de sus caballos. Atrás, los jinetes colocan las monturas.
Tiempo de estudio. Falta un rato para que los jockeys salgan a la redonda. Siempre conviene darse una vuelta por los boxes para ver cómo lucen los caballos.
Tiempo de estudio II. Con el programa en la mano, los apostadores analizan minuciosamente cada prueba. Muy cerca, cuidadores y peones miman a los animales.
Cuestión de números. Una de las formas de apostar en el Hipódromo de Tucumán es por medio del remate. Por este sistema sólo se puede jugar a ganador, y habitualmente lo hacen los propietarios de los caballos.
Un ámbito sagrado. Los protagonistas se recluyen en el Cuarto de Jockeys antes de cada competencia. Ese es un lugar exclusivo para los jinetes.
Demasiados bríos. Muchas veces los caballos se asustan mientras son paseados por los peones en la redonda, uno de los lugares preferidos por el público para observar el estado de cada ejemplar.
Ultimas indicaciones. A punto de montar, los jockeys reciben consejos y sugerencias. En cada carrera puede emplearse infinidad de tácticas y estrategias.
Hacia las gateras. Conducido por el peón, el caballo marcha mansamente hacia la largada. Son los últimos instantes de calma antes del torbellino de la competencia.
El paseo final. Está por cerrarse la recepción de apuestas. Los caballos se muestran en la pista, mientras el público decide: cómo, cuánto y por quién jugar.
Máxima tensión. El starter está a punto de dar la orden y el silencio invade el Hipódromo. Ya no hay marcha atrás, y el show está por comenzar.
Un mundo distinto. En cada rincón del Hipódromo se respira turf. El público recorre las instalaciones con el mismo tema de conversación: jockeys, caballos, trifectas, sueños y decepciones...
¡Largaron! Las cuadreras son un espectáculo aparte. En este caso, dos ejemplares inician el mano a mano, separados apenas por una cuerda.
Huellas en la arena. La carrera ha concluido y las pruebas están a la vista. En cuestión de segundos, los caballos surcaron la recta y dejaron su impronta... que se borrará después de la próxima largada.
Sueños en la noche. Las competencias nocturnas tienen un toque especial. Como si los reflectores invitaran a disfrutar de un momento mágico y envolvente.