Es mejor hablar (de ciertas cosas).

Sexo solitario

Por Inés Páez de la Torre. Sábado 07 de Diciembre 2013
Gentileza de http://www.taringa.net/
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La masturbación -tan antigua como la vida humana- ha tenido un lugar de importancia en la mayoría de las culturas y desde tiempos muy remotos. En el antiguo Egipto, por ejemplo, la tradición decía que Atum-Ra había creado el mundo por un acto de sexo solitario lanzando grandes ríos: el Nilo, el Éufrates y el Ganges, a cuya orilla se formaron las primeras civilizaciones. Por eso la autoestimulación en público protagonizaba muchas ceremonias religiosas; y el faraón la practicaba como parte del ritual de su coronación.

Pero tal vez el más famoso relato al respecto sea el que aparece en la Biblia, en el libro del Génesis. Es la historia de Onán, quien debía cumplir el mandato de casarse con la viuda de su hermano, y embarazarla. Como este hijo no sería considerado suyo, sino de su difunto hermano y como tal heredero de la primogenitura, Onán se las ingenia para derramar su semilla sobre la tierra. Esta desobediencia le acarrea el castigo divino. Aunque la conducta de Onán se correspondería más bien con un coitus interruptus, su nombre dio origen al término “onanismo”, utilizado como sinónimo de masturbación.

En la mayoría de las culturas se han condenado las prácticas sexuales solitarias, sobre todo en el caso de los adultos: esto bien puede obedecer a la importancia de la reproducción en momentos concretos de la humanidad, o en ciertos estadios culturales.

Uno de los puntos de referencia más importantes en ese sentido proviene de la tradición judía, según la cual el objeto del semen es ante todo la fertilización, por lo que su pérdida por mero placer es condenable. Cercano a este argumento, la creencia de que cada eyaculación estaba destinada a crear un ser humano que poseía un espíritu (lo que convertía a la masturbación en una suerte de aborto), se sostuvo desde los tiempos clásicos hasta el siglo XIX. El Cristianismo, por su parte, reprobó asimismo estos actos desde los primeros tiempos, esgrimiendo incluso supuestos fundamentos médicos. Y así, a las conductas autoeróticas se le han endilgado todo tipo de males: locura, depresión, fatiga crónica, pérdida de la memoria, disminución de la agudeza visual, bajo peso, epilepsia, acné y hasta muerte prematura. Ni el viejo Freud se salvó de caer en estas supersticiones.

A partir del siglo XX se fue pasando de a poco de los mitos populares y los criterios religiosos y morales, a la versión científica, sostenida en base a las investigaciones de médicos y psicólogos. La masturbación es considerada hoy un factor importante en el aprendizaje sexual (de hecho forma parte de muchas terapias sexuales) y no se ha identificado ninguna evidencia objetiva que permita hablar de trastornos físicos o mentales relacionados con su práctica.

En el niño estas conductas son algo normal y clave para su desarrollo emocional, ayudándolo además en la adquisición y comprensión de su esquema corporal. Durante la adolescencia constituye una parte importante del desarrollo psicosexual, ya que permite identificar los propios patrones de excitación. En los adultos también facilita el conocimiento del cuerpo y su respuesta a la estimulación erótica (algo fundamental para poder comunicar al otro estos aspectos). Además, para los que no tienen pareja configura una posibilidad de satisfacción sexual (si bien no es exclusiva de los que están solos o insatisfechos).

A pesar de estas comprobaciones, aún subyace, de una u otra manera, la creencia de que se trata de algo malo y peligroso, inmoral y condenable. Por eso hablar sobre este tema no suele ser visto como algo socialmente recomendable y tampoco es extraño que su práctica vaya acompañada de una dosis de temor y ansiedad. En este sentido, los sentimientos de culpa al respecto sí pueden derivar en problemas de todo tipo, incluidas las disfunciones sexuales. Lo mismo ocurre si esta conducta –tanto como cualquier otra, del orden que sea- se convierte en algo compulsivo, único recurso para la satisfacción y el alivio de las tensiones.