04 May 2013
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Gentileza de revistapasos.com

No importa cuán frecuentemente ocurra en la actualidad, ni lo tan a menudo que nos enteramos de una nueva ruptura matrimonial, el divorcio es una de las situaciones más estresantes por las puede pasar una persona.  Tampoco hacen diferencia las consabidas reflexiones acerca de que esta salida "era lo mejor". Y mucho menos que esté a punto de lanzarse al mercado la versión "express" que agiliza el engorroso trámite. Nada de esto cambia la realidad: la experiencia del divorcio produce -en todos los casos- mucho dolor y sufrimiento. Cualquiera sea la circunstancia y la distribución de responsabilidades, los protagonistas suelen sentirse culpables de un gran fracaso (mucho más de lo que se atreven a confesar). Y desconcertados, incluso, respecto de su propia identidad. Es decir, en relación a quiénes son ahora que están solos y cómo deben seguir viviendo en este nuevo escenario afectivo y por consiguiente, sexual.

Solos de verdad

Es cierto que en muchas separaciones uno o ambos miembros de la pareja hacen una suerte de "empalme" con otra relación, de manera más o menos clandestina. Esto ocurre sobre todo cuando "la cosa ya venía de antes". Pero es sabido que la relación extramatrimonial es por lo general un síntoma de un matrimonio en picada, no su causa. Por eso es tan común que, junto con el matrimonio, se rompa también ese vínculo paralelo que existía en función de la pareja infeliz: como una mesa de tres patas que, al quebrarse una, no puede sino derrumbarse.

De manera que la mayoría de las personas que se separan se enfrentan tarde o temprano con la soledad -también- desde un punto de vista erótico. Porque, aunque el desgaste y el sentirse solos vengan de mucho antes (a veces años), con la ruptura esta sensación se convierte en un hecho real y concreto: muchos manifiestan, por ejemplo, lo extraños que se sienten durmiendo solos por primera vez en años.

Ellas

Frente a esta situación, las reacciones son variadas. No son pocas las mujeres que pierden el interés en su aspecto físico (no se arreglan, suben de peso), y deciden abocarse exclusivamente a la casa, los hijos, el trabajo, las amigas. Se colocan "fuera del mercado", por lo que es muy difícil que detecten posibles nuevas parejas y/o sean consideradas por otros en este sentido. Esta completa supresión de la vida afectiva a nivel pareja y sexual, puede obedecer a múltiples factores: preceptos morales y religiosos, resentimiento y tristeza por la pérdida o el abandono de un hombre al que consideran "irremplazable", y hasta un fuerte temor a lo nuevo y desconocido.

Elementos clave son también la baja autoestima y la inseguridad de muchas, que además tienen miedo a ser juzgadas y criticadas por su entorno familiar y social. Cosa bastante común en sociedades relativamente pequeñas y tradicionales, como la nuestra.

En el otro extremo están aquellas que ponen toda la energía en verse más atractivas que nunca: horas de gimnasia, peluquería semanal, uñas esculpidas, guardarropas nuevo, tratamientos estéticos de toda índole. De hecho los cirujanos plásticos declaran el alto porcentaje de mujeres que "se hacen las lolas" al poco tiempo de separarse. Salidas nocturnas frecuentes, nuevas relaciones sociales (que incluyen, a menudo, las sexuales), actividad constante en la antes olvidada -o inexistente- cuenta de facebook y mucha atención puesta en los varones disponibles. Estas mujeres suelen estar decididas a rehacer su vida sentimental. No es raro que lo logren, por períodos de tiempo variables o tal vez, para siempre.

Ellos

En el caso de los hombres no es tan común la reacción de abstinencia. Probablemente porque buscan en la actividad sexual un antídoto contra la soledad, con la que suelen llevarse muy mal. Y es que ellos cuando se separan pierden, además de la pareja, algo que figura dentro de las necesidades afectivas más importantes: un hogar. Por una cuestión cultural, es la mujer la más entrenada para construirlo, además de ser la que por norma se queda con los hijos. Este panorama tiene, con muchísima frecuencia, el efecto de producir en los varones una dosis extra de dolor -y por lo general, de rencor- que funciona como obstáculo a la hora de reflexionar y hacerse cargo de la parte que les toca en relación a lo ocurrido.

De manera que -aunque existen excepciones- es común entonces que el hombre separado, luego de un período más o menos breve de aislamiento y reuniones entre amigos, retome la actividad sexual con bastante intensidad. Como ocurre con las mujeres, no son pocos los que vuelven al gimnasio, empiezan a prestar más atención a su vestimenta, salen mucho y hasta tarde, y hacen también lo suyo por facebook.

Si bien la repentina variedad de experiencias sexuales puede tener su lado positivo, con mucha frecuencia se origina en una gran necesidad de confirmación y reaseguro: la autoestima masculina suele quedar muy lesionada luego de una separación. Por eso les resulta tan difícil decidirse a apostar nuevamente por una relación comprometida.

Tanto los varones como las mujeres pueden beneficiarse mucho de un proceso psicoterapéutico que los acompañe en el desafío de aprender del pasado y reconstruirse a sí mismos, para poder mirar el futuro con una renovada fe en el amor. Porque, en efecto, como sostiene la sabiduría oriental, toda crisis de vida trae consigo una nueva oportunidad.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.