23 Mar 2013
1

Gentileza de coolradiohd.com

Es innegable que Internet ha ganado una fuerte presencia en nuestras vidas. No sólo por la impresionante y abrumadora fuente de información que es, sino también por sus variantes comunicacionales. Correo electrónico, Facebook, Twitter, mensajes instantáneos, chats, blogs, son sólo algunas de las miles de opciones que la Red nos ofrece para vincularnos con otros seres humanos.

Se abre así ante nuestros ojos -fijos en la pantalla- todo un nuevo mundo de relaciones virtuales, sin importar las distancias.

El más buscado

Las estadísticas dicen que una de cada cinco búsquedas en Internet tiene que ver con el sexo. Lógico: la curiosidad, el tabú, los temores, las inhibiciones, las dudas y preguntas que han rodeado siempre a este tema, encuentran en la web el refugio del anonimato y la comodidad de estar al alcance de un click.

Muchas de estas búsquedas tienen la finalidad de aumentar la información. Pero otras están orientadas a conseguir excitación sexual. Cualquier práctica realizada a través de Internet con este propósito entra dentro de lo que se denomina "cibersexo": pornografía, portales profesionales para acceder a diferentes servicios, páginas de contenido erótico hechas por aficionados, sitios donde las personas se ofrecen para todo tipo de experiencias sexuales, blogs eróticos, salas de chats, conversaciones con micrófonos, webcams… las posibilidades son infinitas. Tal vez por eso el cibersexo no tiene buena prensa: Internet es una gran jungla donde se demanda y ofrece de todo.

De ahí que existan tantos defensores como detractores del sexo virtual. Los primeros valoran el fácil acceso, las posibilidades que les brinda a las llamadas "minorías sexuales", a los que tienen gustos muy concretos y a los tímidos. Piensan que al ser anónimo es una forma bastante segura de explorar las fantasías y expresarse eróticamente, sin correr riesgos de embarazo o enfermedades de transmisión sexual.

Pero también están los que lo consideran una práctica peligrosa en varios sentidos, que puede generar adicción. Un exponente más de la deshumanización actual, e incluso un tipo de perversión. Argumentan además que es algo frío y automático, poco apto para los románticos, que no hace más que fomentar el autismo y la fobia en los vínculos.

El poder de lo virtual

Cuando dos personas se relacionan casi a diario y únicamente por Internet -se conozcan o no- es muy común que se genere entre ellos un clima de mucha confianza. Sobre todo cuando por algún motivo pasan gran parte de su tiempo frente a la máquina: "¡buen día!", "aquí estoy, en cama con gripe", "aguantame que me preparo unos mates", "¿qué estás comiendo?", "escuchá este tema", "esperame que bajo a abrirle al cadete"... Así, las largas horas de chat a la vez permiten participar -de una manera extraña y singular- de la vida cotidiana del otro.

Con este panorama de intimidad creciente, ¿cuánto tiempo puede pasar hasta que surja la tensión sexual? No es raro que alguien haga una insinuación pícara o escriba una frase que se preste al doble sentido, y que esto inaugure una etapa de más o menos inocente "histeriqueo". Y si bien algunas relaciones virtuales no van más lejos, otras avanzan hacia conversaciones profundamente personales y sexuales (cuando no a la concertación de un encuentro cara a cara).

Estas situaciones son más comunes de lo que se piensa. No son patrimonio de los adolescentes, de hecho son más frecuentes entre los jóvenes y adultos. Tampoco entran en este juego -exclusivamente- los que están solos, desdichados a nivel pareja o les resulta difícil "enganchar" en el mundo real. Es que un vínculo sostenido por lo virtual -para algunos incomprensible y hasta ridículo- tiene sobre muchos un efecto cautivante.

¿Es infidelidad?

¿El sexo a través de Internet constituye una infidelidad? Unos creen que no, porque no implica contacto físico. Otros dicen que puede funcionar como complemento de la relación estable. Hay quienes lo consideran una amenaza que pone en riesgo la pareja. Y están los que directamente piensan que es una forma más de adulterio.

Más allá del debate, existe un hecho objetivo: cuando las personas descubren que su pareja mantiene una relación virtual cargada de intimidad emocional y/o sexual, no suelen hacer mucha distinción entre eso y lo "real". De hecho sus sentimientos y reacciones frente al ocultamiento no difieren tanto de lo que experimentan los que han sido engañados a la manera tradicional.

Y es que a fin de cuentas, subyacen aquí las mismas cuestiones de siempre: ¿estamos dispuestos a ser consecuentes con una relación estable y comprometida? ¿Hasta qué punto el interés en tener otras relaciones íntimas -aunque sean virtuales- se justifica por una insatisfacción en la pareja? ¿Qué es lo que se busca en realidad con esta conducta? ¿Cuáles son las consecuencias que esto puede tener sobre el vínculo? ¿Cómo se sentiría el otro si se enterara? ¿Y si ocurriera al revés? Lamentablemente es difícil encontrar en Internet respuestas verdaderas a estos interrogantes.

Comentarios

Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.