El sexo de vacaciones

02 Feb 2013
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Hay eventos que se caracterizan -para bien y para mal- por el común denominador de la expectativa: la luna de miel, un viaje, una fiesta, las vacaciones, para citar sólo algunos.

En el caso de las vacaciones, una prueba de lo mucho que esperamos de ellas es el tiempo que solemos destinar a los preparativos. Por lo general, con mucha anticipación -además de prever dónde alojarnos- empezamos a ahorrar dinero, nos compramos ropa y otros enseres, hacemos dieta, consultas, investigamos ávidamente nuestro destino por Internet.

Muchos empiezan a soñar despiertos en el trabajo, paladeando ya el placer de vivir unos merecidos días largos y desestructurados. Y aún los que no se irán de viaje fantasean con desquitarse del año laboral despertando tarde, compartiendo a pleno la casa y la familia, retomando esa novela a medio leer, las películas y paseos postergados, los asados con amigos.

El que espera…

Las altas expectativas respecto de las vacaciones incluyen -muchas veces de manera protagónica- el terreno sexual. ¿No sería lógico que en un contexto tan favorable el sexo funcionara como nunca? ¿Que el deseo estuviera a flor de piel, que la frecuencia batiera récords, que los juegos previos pudieran extenderse, los encuentros fueran más creativos, lúdicos, expansivos?

Pero así como algunos se sienten "raros" en la luna de miel, las vacaciones no siempre resultan tan mágicas, eróticamente hablando. La primera razón queda dicha: la expectativa desmedida como obstáculo contra la realidad cotidiana, el presente. O, más sencillamente, el refrán que advierte: "el que espera desespera".

Efectos no deseados

Hay otras circunstancias que inciden en estos efectos no deseados de la sexualidad en vacaciones. A menudo el estrés con que se llega a los días de descanso es grande, y muchos tardan en sacarse de encima las preocupaciones laborales o no logran hacerlo del todo.

De hecho, no son pocos los que sienten que necesitan más que nada dormir, como una "cura de sueño" para recuperar energías.

Muchas mujeres, habituadas a pasar gran parte del día fuera de la casa, se declaran agobiadas por la repentina dedicación full time a los hijos o a las tareas domésticas.

Para algunas parejas, la situación inédita de estar todo el día juntos los confronta a mirar aquellas deficiencias del vínculo que pueden estar negándose a reconocer.

Los adictos al trabajo, por ejemplo, viven con extrañeza tanto tiempo libre e "improductivo". Es el mundo posmoderno y su vorágine de actividad e hiperconexión, que ha dado origen a nuevas patologías: el "síndrome del trabajador compulsivo", que otros han llamado "neurosis dominical" o "de fin de semana".

Ya un poeta supo referirse al día domingo como "frío, ateo y peligroso".

¿Cómo podría generarse un deseo sexual saludable en medio de tanta intemperie y desolación?

Descanso y salud


Por un lado ese paréntesis -con frecuencia resistido- en la actividad laboral, es fundamental para nuestra salud física, mental y espiritual. Por eso constituye un derecho. Y hasta una responsabilidad que abarca (o debería abarcar) el día a día, logrando un "tiempo libre" o de recreación todo el año, no sólo en vacaciones.

Por último, en relación a todas las áreas vitales, pero en especial a la sexual, las vacaciones propiamente dichas pueden impulsarnos a establecer una conexión más profunda e íntima con las personas que amamos.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.