El deseo sexual

02 Jun 2012
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El deseo, tan protagónico en la vida humana, se incluyó tardíamente en los estudios acerca de la sexualidad. Este hecho no es casual: es un ejemplo de los obstáculos que debieron superarse para encarar sin prejuicios la temática sexual, aún en el contexto de una investigación científica. A mediados de los años 70, la sexóloga norteamericana Helen Kaplan advirtió la importancia de esta fase, y propuso incluirla como el "punto de arranque" de la respuesta sexual humana.

Cuando en una persona se despierta el deseo acontece un proceso muy complejo a nivel cerebral. Sin embargo, lo más identificable son los cambios psicológicos que se producen: la aparición de fantasías sexuales, la activación de recuerdos, las ganas de avanzar en el contacto físico y entrar en un clima erótico, etc. Semejante estado resulta, por lo general, muy estimulante, y en su versión más intensa motoriza comportamientos que otros podrían juzgar como demasiado sacrificados o excesivos: hacer un largo viaje solo para compartir unas horas con el otro, destinar mucho tiempo a planificar una salida, pasar la noche despiertos e ir directo a trabajar, gastar más de lo debido en un regalo, etc.

En la práctica clínica, es común que hombres y mujeres manifiesten que su interés sexual ha decrecido de manera significativa. Suelen sentirse angustiados, culposos en relación con sus parejas, al mismo tiempo que fastidiados y hartos de recibir reproches. Según las investigaciones, el "deseo sexual inhibido" o "hipoactivo" es casi dos veces más frecuente en las mujeres. De todas maneras, en ambos sexos, muchas son las cuestiones que explican esta disminución, y para evaluarla es necesario tener en cuenta la edad, la salud, los elementos vinculares y afectivos y la historia del deseo en el contexto de la vida de cada persona.

En un gran número de casos, el desinterés habla de un conflicto en la relación de pareja, donde está presente sobre todo el enojo. Existen otros factores, como el distanciamiento afectivo, la baja autoestima, la falta de confianza en el otro, el temor a la intimidad, al compromiso, al mal desempeño en la relación sexual. Algunos medicamentos, enfermedades y desequilibrios hormonales pueden tener un efecto negativo en este sentido, lo mismo que la depresión profunda. Por otra parte, el estar atravesando un momento doloroso -enfermedad de un ser querido, desempleo, problemas de fertilidad, etc.- puede llevar al decaimiento del deseo sexual.

Los casos crónicos suelen estar asociados a acontecimientos traumáticos en la infancia o adolescencia, a una fuerte represión sexual, o a niveles muy bajos de testosterona, entre otras cuestiones.

Por último, es importante recordar que el deseo sexual está integrado a la totalidad de la experiencia vital de un individuo. Esto significa que es una de las muchas cristalizaciones de nuestra conexión con la vida. En última instancia y de manera esencial, con el amor, y con sus posibilidades de manifestación en todas y cada una de las cosas que hacemos. Si esta expansión amorosa está acotada rígidamente a unos pocos destinatarios, el deseo sexual sufrirá su parte en este empobrecimiento. Permitamos que esta energía -la más poderosa que existe- circule de manera generosa por todos los ámbitos de nuestra vida. Es probable que nos sorprenda lo que ocurre entonces con el deseo sexual.

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Psicóloga, sexóloga clínica y colaboradora de LA GACETA desde hace más de 10 años.