LOS OPEKA: Historia de 10 almas. Ultima parte: AKAMASOA: Los buenos amigos

18 Ene 2017 1 1
1

Los hermanos Opeka en pleno

AKAMASOA: LOS BUENOS AMIGOS

Akamasoa significa en malagasy Los buenos amigos. Vuelvo al informe. Dice Pedro: acá yo no vine a acariciar a la gente, a decir que todo va a ser fácil. Yo les digo aquí hay trabajo, aquí hay educación, y disciplina. Y así se progresa. Nosotros no somos una organización, somos un movimiento porque cuando uno quiere ayudar a una persona no se puede dejarla a mitad de camino, se a ayuda hasta el final.  Por eso cuando nos ocupamos de una familia pobre tratamos de darle trabajo, de escolarizar a los niños, de curarlos cuando enferman y después enterrarlos cuando mueren, por eso en Akamasoa tenemos cuatro cementerios.

Cuando lo escucho hablar así la trama de significantes empiezan a cobrar sentido en mi mente. La solidaridad se brinda al que está al lado,  y no de arriba abajo. Es la ayuda de un amigo a otro en problemas. No es demagogia, no es lástima. Es anhelo profundo de promover al hermano.

 

Dar es una alegría un tanto egoísta. Nosotros preferimos compartir. No damos para hacer un ser dependiente del otro. No somos humanos si no sabemos compartir.

Disculpen que siempre vuelva al Principito pero esta historia me recuerda al dibujo de la  boa que se trago al elefante. Para las personas grandes el dibujo solo es el de un sombrero pero para los que tienen ojos de niños,  hay universos escondidos en esos trazos simples. Y así donde muchos solo vieron un montón de basura Pedro vio pueblos de casas coloridas y patios con flores. Y donde la mayoría veía seres humanos destinados a cocerse en su ineluctable destino, él imaginó escuelas y bibliotecas con maestras deletreando y niños separando en silabas y un mundo de padres y madres trabajando, progresando y educando. Mi ma-má a-ma-sa la ma-sa, mi pa-pá me a-ma.

 

Repito señor lector por si se olvidó el detalle: se levantaron 17 pueblos con escuelas, bibliotecas, dispensarios y hospitales donde viven 25.000 personas. Se calcula que unas 500.000 personas fueron salvadas de la pobreza extrema en los 27 años de Akamasoa. Yo no les regalo nada, los amo demasiado para hacer eso. Las mujeres son peones, los hombres albañiles pero acá todos trabajan y envían sus hijos a la escuela.

Y vio también Pedro una enorme fuente de abundancia latiendo entre los desechos indeseados de la capital. Parte del antiguo basural se convirtió en una cantera de granito en piedras y adoquines, que luego serían utilizados para la construcción. Allí trabajaron 2500 personas que hasta entonces vivían de la basura y una empresa de venta de abono natural.  Me dice Wikipedia: Los puestos de trabajo de la organización se crean a partir de la explotación de la cantera de piedra y grava, a la actividad artesanal y talleres de bordado, al centro de compost implementado junto al vertedero, a la separación y clasificación de la basura, a tareas agrícolas y a tareas de la construcción (como albañiles, carpinteros, ebanistas, operadores y obreros que adoquinan las calles). Entonces pienso que ese basural sobre el que caminan Edi, Pedro y los niños es en realidad un cuerno de la abundancia para el que sabe mirar.

MAS COSAS DEL FÚTBOL

Y como las historias son redondas como redonda es la pelota, el fútbol y sus cosas acudieron otra vez al rescate. La gente de acá tenía una gran desconfianza hacia el blanco entonces para acercarme a ellos empecé jugando al futbol, enseñándoles a leer y dándoles  un té o un café.

Caños, pases, fintas, centros y disparos no fueron  solo  caños, pases, fintas y disparos. Fueron puentes extendidos hacia una vida mejor. Se necesitaba, sin embargo, ayuda en serio para curar.

Caí enfermo, tan enfermo que casi me muero. No podría haber sido de otra manera. El centro hospitalario de la ciudad está completamente desprovisto de todo material y es un desafío a las reglas de higiene. Me habría muerto si mi congregación no me hubiera repatriado a Francia. ¿Cómo puedo presentarme ante mis fieles y persuadirlos de que se hagan tratar en el hospital, cuando conozco lo que es? reflexiona Pedro sobre la enfermedad que lo llevó providencialmente al Seminario de Antananarivo y a aquel basural ese día de 1989.

Recuerdan a Gilbert Mitterrand? Para esos años, su compinche de picados en el Institut Catholique de París se había vuelto en 1989 el hijo del Presidente François Mitterrand, y político el mismo en una Francia que había superado hacia tiempo los traumas  de la post guerra. Resultó que su madre, la primera dama, Danielle, tenía una ONG France Libertés y gracias a la intervención del hijo, la primera gran misión de AKAMASOA vio la luz: la renovación del hospital y su equipamiento. Los primeros brotes de esperanza en medio de la desolación y todo empezó a rodar.

Todo está tan bien organizado que pienso en el milagro que puede ocurrir cuando se encuentran un hombre animado por una feroz voluntad y una situación por más deplorable que parezca.  La opinión de la primera dama de Francia en aquel entonces, Danielle Mitterrand, fue mas que prometedora para seguir construyendo.

Más cosas del fútbol.

Antes, me cuenta Luba, cuando Pedro hablaba de Akamasoa y decía mi familia, yo sentía algo de celos. Tu familia somos nosotros le decía. Hasta que un día entendí.

Viernes 7 de Octubre del 2016. Volvamos el tiempo atrás, a caballo entre la charla con Luba y la charla con Bernarda. Me desayuno con la noticia: Juan Manuel Santos, el actual presidente de Colombia fue el elegido este año como premio nobel de la Paz.  "Por sus esfuerzos por terminar con la guerra civil", informa escuetamente el comité Nobel. Inevitablemente me siento defraudada por los suecos. No entiendo los enrevesados laberintos políticos que desviaron el galardón de sus manos naturales: Pedro Pablo Opeka según yo. Según muchos. Recuerdo lejanamente también sus palabras en una entrevista en la que se ilusiona pensando en una posible victoria como una victoria de los pobres. Estoy triste. Pero entonces el recuerdo de su padre se abate sobre mi desesperanza. Luis Opeka, el fugitivo, Luis Opeka, el resilente. El que peleó por su vida contra toda esperanza y logró fundar una familia con María Marolt de ocho hijos como ocho frutos.

¿Pudo tu padre volver a Eslovenia?

Si, Dios le concedió esa gracia. Volvió a los 86 años y tuvo la oportunidad de indicar los lugares donde muchos de sus compatriotas habían sido enterrados.

¿Y pudo reconstruir aquella ermita destruida?

No pudo pero en cambio, envió durante años parte de su salario a Pedro para construir una capilla a la Sagrada Familia en uno de los pueblos de Akamasoa y así se hizo. Murió a los 93 años, sufría Epoc, enfermedad contraída por el oficio que siempre había ejercido. Murió en su casa, rodeado de amor. Mi mamá murió a los 86 años. En medio  de la tristeza de su muerte sucedió algo que nos conmovió profundamente.

¿Qué pasó?

 Estaba por esos días Pedro en Eslovenia ya que le daban un premio y aprovechó para ir a Velike Lasce, el pueblo de mi madre. Ella estaba en sus últimos días y todos los días los hermanos nos turnábamos para acompañarla. Fue entonces que llamó, era el mediodía y mientras hablaba con él, mi madre llego a escuchar las campanas de la Plaza de la Iglesia donde ella iba de chica. Estaban tocando el Angelus. Los tres juntos se pusieron a rezarlo.

Parte al cielo mi mama después de dos días de esta llamada y Pedro estaba en Mónaco, en una cena de beneficio dada por la fundación Alberto y Grace de Mónaco que ayudan hace mucho a Akamasoa. Todo el mundo se acercaba a darle las condolencias y de repente se acerca uno de los benefactores,  y le pregunta después de darle el pésame: ¿Padre tiene hermanos?  Si, le contesta Pedro, ¿conocen su obra?, no, ¿le gustaría que la conozcan? Creo que sí, contesto Pedro algo intimidado por el número de la prole. Pero son 7, aclaró, tomando finalmente coraje.

Están todos invitados. Tal fue la respuesta lacónica de este ángel de la guarda inesperado.

Fue así como los hermanos se encontraron con Pedro durante 20 días en Madagascar gracias a la generosidad del Señor Maki y su mujer.

Yo escribía siempre a Sorpresa y media porque sabía que Lucía moría por ir pero nunca me contestaban. No podíamos creer que después de tanta tristeza por la pérdida de nuestra madre nos encontrásemos los siete hermanos uniéndonos a Pedro en Akamasoa.

La vida es curiosa y también sabia.

Yo que pensaba que 20 días no eran suficientes, ahí descubrí que 20 días comiendo arroz y teniendo que recurrir a una canilla común, eran suficientes. ¡Qué hermoso lavarse la cara, los dientes y tomarse una larga ducha!. Se ríe Luba con esa capacidad que tiene de apreciar lo minúsculo.

En esos días comprendí algo más. Tras 25 años en Akamasoa Pedro los vio crecer, volverse médicos, maestros, ebanistas. Es una bendición ver como lo quieren. Pedro tenia, al fin de cuenta razón, ellos son su familia. 

Cuando tenía 9 años yo y mi familia trabajábamos en el basurero hacia muchos años y es ahí donde el padre Pedro nos encontró. Dice Marina, profesora de francés para el noticiero del 13.

Difícil negar lo innegable: Pedro es piedra para ellos, y sobre esa Piedra, ellos pueden fundar sus vidas.  Pedro es familia para los malgaches y los malgaches son su familia.

 

DOS VIDAS CON UN DESTINO COMÚN.

La conversación se va terminando, no así las anécdotas.

Hay otra cosa que me impresionó de Pedro cuando nos encontramos en Barcelona en noviembre. Me dijo:

¿Sabes Luba? Tengo que dar un discurso para agradecer el premio que recibí y a veces me faltan palabras porque hace 41 años que escucho día a día solo unas pocas…Tengo hambre/Estoy enfermo/Necesito una casa/Quiero trabajar/Ayudeme/Me dejaron sola con mis hijos/No tengo para comer/Gracias.

Es un domingo cualquiera en Antananarivo y los feligreses se han endomingado para la misa multitudinaria. Muchos niñas y niños, negra la piel, blancos los vestidos, impecables los trajes , esperan con solemnidad  recibir el Sacramento de la Comunión. Rojos, amarillos, turquesas, la profusión de colores de los fieles hace juego con los ritmos de la tierra que suenan en el amplio recinto. Son 10.000. Todos cantan. Todos bailan. Esto parece una gran caja de resonancia bajo el sol de Africa. Solo los que van a tomar la Eucaristía por primera vez se mantienen orantes y reflexivos. A los demás parecen arrasados por un paroxismo de alegría y se mueven con la cadencia de la música suave del continente. Llega el Padre Pedro, comienza la celebración.

La escena llena de color y esperanza contrasta con aquella otra venida de lejos. Ambas están unidas por el hilo indestructible de la Fe y de la sangre. Un hombre corriendo y nadando en una selva por su vida. Esta solo y se encomienda a la Sagrada Familia. Sabe que no puede morir. No debe morir. La vida se extienda ancha y llena de promesas delante de él, como el rio Sava. Y él, Luis Opeka, resiste, por él y sus futuros frutos. Su historia y la de la familia que supo construir delinearon la de otro titán inesperado: Pedro, su hijo, que de este lado de la historia viene a dar sentido a tanta lucha. 500.000 personas hasta el presente,  dan fe de ello.

 

 

1 Comentarios

Comentarios 1

Para poder comentar debes Ingresar / Registrarte

Más recientes

Martino Cruz #1 19 Ene 2017 00:30 Hs

Los adolescentes de pueblos vulnerados se preguntan ¿Después de la Secundaría que somos? ¡Pordioseros de la educación! Porque no hay continuidad para seguir estudiando una carrera de Tecnicatura Superior Universitaria. De la Educación al Trabajo. Aprobado por el Consejo Federal de Educación. Título Nacional. Ley 26 206 de Educación Argentina ¡Cumplan con lo prometido! ¡Queremos educación Tecnicatura Superior Universitaria!