Memorias de un cura de campo (segunda parte)

07 Sep 2016 3 13
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El padre Mario Inmediato en sus 88 (Hogar Sacerdotal, Montevideo)

AÑOS DE SEMINARIO: Tuberculosis y Primera Misa

 

Sin embargo, no todo resultó tan fácil y al cabo de tres meses me descubrieron que tenía un foquito de tuberculosis. Aunque no quería volverme, al fin me tuve que ir. El tratamiento consistía en sobre alimentación y quietud muy grande pero para darme los inyectables día por medio solo me permitían ir a caballo hasta la ruta para tomar el ómnibus e ir al pueblo  Santa rosa de  Canelones. Al cabo de casi un año, habiendo engordado por el régimen muchísimos kilos y cumplido las visitas médicas mensualmente ya estaba curado y al año siguiente reingresé al Seminario. Gracias a Dios el 10 de octubre de 1954 fui ordenado sacerdote por el arzobispo monseñor Antonio María Barbieri. Dije la primera misa en la capilla del Hospital.

 

En casa éramos solo mi hermana y yo. Para las tareas de la chacrita era importante la ayuda: carpir o sacar las malezas, ayudar a sembrar, cosechar frutos o lo que hiciera falta. Pero cuando me fui, mis padres se quedaron solitos con todas las tareas porque después se caso mi hermana. Como serían sus sentimientos y como se habrán arreglado  pues solo iba los primeros años 20 días de vacaciones, luego un mes y al último me concedieron el permiso para quedarme dos meses con el fin de ayudarlos.  He pensado  que ha sido la fuerza de la vocación que me tenía tan feliz en el  Seminario. Cada 15 días venían a visitarme y me traían la ropa que lavaban en casa, pues quedaba 50 kilómetros. Madre y hermana venían una vez al mes, y en el ínterin yo mandaba una carta, que mi madre respondía, porque ella sí tuvo dos años en el Colegio del Huerto en Montevideo, donde vivió en casa de unos primos de mi abuelo materno. Mi padre estaba tan enamorado de ella desde chica que le dijo a mis abuelos maternos: mande esa chica al colegio para que no se quedé como yo sin  educación.  Después de todo, mis padres han sido muy felices de tenerme como sacerdote, y al final desde Minas todos los meses viajaba a  Santa Rosa para llegar el domingo de tardecita y volver a Minas el martes a la misma hora. Cuando fue mi primera misa solemne como se acostumbraba hubo un lleno total en iglesia, y un almuerzo de primera en los salones de la parroquia, donde habló el médico que me daba los inyectables día por medio cuando estuve con un foquito de tuberculosis, y tuve que irme a los tres meses a cuidarme en mi casa. Ese médico, ya conocido de mi familia, me había dicho: Si un día te recibes de Cura, avìsame, porque yo quiero estar también como padrino, y te voy a hacer la fiesta. Así fue, todo imborrable



 






PRIMERA MISIÓN: Dejé la valijita aquí.

 

Antes de egresar el 9 diciembre, había un acto de despedida ya que todos partíamos a nuestra primera misión. Era el Club Católico y estaba repleto de gente, autoridades, profesores, bienhechores, padres. Los compañeros me encomendaron a mí el discurso de despedida y yo lo redacté con ideas de todos.  El salón estaba colmado esperando por el discurso que tanto había retocado. Durante años lo tenía guardado y alguna vez volví a leerlo. Lamento que lo perdí. Seria bueno haberlo conservado, para ver cómo pensaba entonces. Solo recuerdo un pensamiento más o menos en estos términos: “Aquellas puertas que un día se abrieron para recibirnos hoy se abren para despedirnos, quedando atrás el agradecimiento, y  por delante augurios y deseos de que nos vaya bien, rodeados y acompañados por la gente en nuestro ministerio, al que salimos como un barco que empieza a navegar”

 

Ante la posibilidad de que  mandaran a alguien a Minas, todos tenían sentían un poco de inquietud. Es que un sacerdote del año anterior había estado allí y criticaba al cura dejándolo como un Ogro. Lo cierto es que me tocó a mí finalmente el destino.

 

No olvides que faltaba aún 10 años para el Concilio, y yo acababa salir del Seminario para mi primera misión, recién  horneado y con olor a pan caliente, y con el entusiasmo y la  alegría de estar donde  Dios me había llamado. El 10 de enero 1955 entonces me bajé del ómnibus buscando por donde viera las torres de la Iglesia. Entré. A la izquierda había una puerta y un pasillo por el que seguí  hasta toparme con otra puerta donde doblé y continué la marcha por un corredor a la izquierda. Finalmente al fondo  estaba el cura, Manuel Correa rezando el librito Breviario. Soy el Padre Inmediato, destinado aquí, le solté. Ya lo sé, me contestó. Deje la valijita aquí y vaya a la Iglesia, porque hay un bautismo. Al volver  me dijo: deje la valijita aquí por que hay un sepelio de Cruz Alta, los Ale le explicarán. Después del sepelio volví por tercera vez para escuchar la frase: Deje la valijita aquí, porque vamos a almorzar en una pensión cerca

Después del almuerzo y un breve la tarde descanso me enseñaron la oficina parroquial, que debía atender dos horas por la mañana y dos horas por la tarde.  También me dijeron que todos  todos los días a la 6 de la mañana debía estar en la puerta, porque venía un taxi para ir al Hospital para una atención a las Hermanas. De ahí iba a la Iglesia para el confesionario y luego oficiaba la misa que me tocaba. Por la tardecita debía dirigir el Rosario y lo que viniera, porque como todo era antes del Concilio no había misa vespertina. Por supuesto que había tiempo para desayunar y merendar.   El Párroco tenía sus actividades propias y celebraba la misa más temprano. Además un día por semana tenía que llevar la comunión a un grupo de personas enfermas, pero me proporcionaban locomoción. En fin llevaría más tiempo para otros detalles. Recuerdo que una señora, Lucia Mastrangelo, un día me mandó una torta para la merienda. A ella la conocí en la iglesia. El otro padre  al día siguiente se fue de vacaciones y entonces me quedé solito para lo que iba viniendo. Con el Párroco, Manuel Correa me entendí bien, y nunca pude descubrir al ogro que se suponía que era según el sacerdote que nos visitó. Así pasé todo un mes sin salir a dar una vuelta, porque no conocía nada hasta que un joven de la Acción Católica, un día me invitó a dar una vuelta y caminamos unas cuadras y esa fue la primera salida. Aun hoy viene a verme al Hogar varias veces al año. Esto a vuelo de pájaro fue el comienzo de mi vida como sacerdote. Tengo que reconocer que las cuatro horas semanales me sirvieron para conocer gente, y entablar algún vínculo. Me fascinaban las serranías. Con el  paso del tiempo empecé a descubrir que si la serranía era hermosa, más bella era su gente. Finalmente creo que tienes una idea sobre tu pregunta de como fueron mis inicios como sacerdote en el ministerio.

 

LA PROVIDENCIA ME QUISO EN MINAS

 

Recuerda que te dije que siempre estuve en Minas porque Dios quiso debido a que las veces que me trasladaban para otro departamento sucedieron cosas por las que hubo que cambiar de planes. Durante mis años de Sacerdocio pasaron cinco Obispos. Los modos de pensar en pastoral han ido cambiando al paso del tiempo y llegó el día en que me pidieron la renuncia a la Parroquia, conforme al Derecho. Al terminar el año quedaba aceptada. Yo había cumplido 80 años. Pero el obispo me dijo que entonces lo mejor era que me viniera al  Hogar Sacerdotal y que no me quedara en Minas, pero transamos en que algunas veces podía ir de visita. El 6 de enero me fui a Punta del Este como acostumbraba hacía años. El 3 de febrero volví a Minas para hacer la valija y venirme. Yo ya andaba triste por lógica luego de tantos años. En eso al lado de la Parroquia, una familia que estaba tomando mate me grita: Padre! como esta? Al acercarme para saludarlos no advertí una zanja que  veía todos los días y caí de cabeza adentro. De ahí me llevaron al Hospital y del hospital a Montevideo al Círculo Católico, para arreglarme el brazo izquierdo. Allí me encuentran una obstrucción intestinal y deciden dejar lo del brazo y operarme. Todo se complicó con paro renal y tuve que ir a diálisis. Fue el 11 de febrero. No sé cuanto estuve internado pero me dieron el alta para venir al Hogar. Una imagen imborrable. Estando en cama de repente llegastes tú para visitarme.    

 

 

En tantos años en Minas, he tratado con diversas clases sociales e incluso he llegado a la periferia.  Me ha sucedido de llegar a un ranchito y tener que agacharme para entrar y ver una sola cama y varios niños. Me ha quedado grabado que lo más importante es sentirse lo más cercano posible al ser humano. Todos somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza. Por el pecado del hombre, el Amor de Dios  quiso enviarnos a Jesús. Se encarnó precisamente en aquello que todos tenemos en común: la humanidad, ser humano menos en pecado para así conocernos mejor, comprender nuestras debilidades, y llegar a la infinita misericordia de La Cruz, para que todos tuviéramos la posibilidad de la Salvación. Yo agradezco al Señor el haber tenido trato con tanta gente, el haber tenido la alegría de la confianza que tantos me han manifestado. Por supuesto que también hubo errores, no todos han sido aciertos pero todos saben que siempre fui igual para todos, incluso en las fiestas de los pudientes, como en la de los más humildes, que también me invitaban. Todos lo saben de mi presencia en las buenas y en los sufrimientos de la gente.

 

 

PADRE: Ciudadano Ilustre de Minas

 

 Para concluir esta serie de pequeños artículos o como se los quiera llamar, me parece bien contarte sobre lo de mi nombramiento como Ciudadano Ilustre como una muestra del pueblo, no de la Curia ni de los Obispos, aunque sí dieron su apoyo.    

Entre unos fieles de la Parroquia comentaron entre ellos: ¿Si a otros por destacarse en la cultura o en la poesía fueron declarados ciudadanos ilustres, porqué no al padre Inmediato que ha estado 53 años en nuestro pueblo, disponible siempre? Preguntaron al obispo Jaime Fuentes si lo permitía, dijo que sí y luego preguntaron a la Intendente Adriana Peña que también dijo que sí, pero agregó que para eso había que juntar firmas. Recogieron unas dos firmas y se  concretó el acto. De todo esto ya nunca supe nada. Incluso mucha gente que vino a visitarme durante el año se calló la boca y no se les escapó el chisme. Yo estaba años luz de imaginarme cosa igual. Un día vienen de la Parroquia a comunicarme el tema y al preguntar de donde venía ese reconocimiento, me explican que era cosa del pueblo, que no era nada de la Curia, ni de la Intendencia. Antes la dificultades de que viniera bien para todos la ceremonia se concretó para el 6 de diciembre del 2013.   Entonces dije que sí, porque si era del pueblo por el cual gasté mis años de ejercicio sacerdotal, entonces aceptaba con mucha alegría. En el  acto frente a la Iglesia Santa Teresita estaba presente el Monseñor Fuentes el Obispo, todos los sacerdotes de la Diócesis menos dos que no pudieron venir y el público. Habló la señora Intendente, Adriana Peña, explicando las razones por la que me declaraba Ciudadano Ilustre y luego me entregó una placa con esas razones. Luego habló un señor en nombre de la Parroquia, de la comisión, y del pueblo de Minas y Lavalleja, el Departamento. Yo también dije unas palabras  de agradecimiento. Descubrieron una placa colocada en la pared de afuera del templo y se rezo una misa, donde el obispo también en la homilía lo expresó todo precioso. La placa en la pared dice “Pbro.Mario Inmediato, Pastor humilde, vecino solidario, amigo de todos. Gracias por habernos regalado sus 53 años de sacerdocio en esta ciudad. Minas, Noviembre 2013”. Después hubo un Ágape, donde recibí una montaña de besos. A las once de la noche ya estaba de regreso en el Hogar

 

 

 

 

LA VIDA EN EL HOGAR SACERDOTAL

 

Algo que no te había contado: Cuando ya estaba pronto para venir al Hogar, un padre de una Diócesis vecina me estuvo diciendo: No vayas al Hogar, ahí te vas a volver lelo, mejor conseguite una casita. No sé de donde habrá sacado ese concepto. Además luego de la Ordenación nos invitaron para hacernos socios del Círculo Católico por el tema Salud.       Estando ya en el Hogar, después de que repuse de aquella importante cirugía, una persona  vino a visitarme un poco preocupada. Al padre Inmediato lo llevaron a un Hogar, le habían  contado. En Minas hay varios hogares de ancianos, algunos buenísimos.  Este amigo era arquitecto y miró como la casa Hogar era hermosa, con habitación y baño privado  para cada uno, hermosos jardines. Comprobó que tenemos buena alimentación respetando la dieta que alguien tenga, con servicio de enfermería las 24 horas, con la atención médica cada vez que se requiera, etc. En Minas he sido feliz, trabajé con toda libertad pero también en el Hogar sacerdotal estoy muy feliz. Me siento en la casa que  ahora El Señor ha querido para mí. Cuento con todo el respaldo espiritual de tantísima gente que he tratado a través de ministerio y he disfrutado de tantísimas fiestitas a las que frecuentemente me invitaban, ya sea un casamiento, por los 15 años, por simple amistad.  

 

Ahora sentada frente a la computadora, leo y releo estos relatos que durante años me acompañaron con su simpleza devastadora y componen ni más ni menos que la trama de la vida del Padre Mario Inmediato. Me ilusiona pensar que alguien más los va a leer y que no van a morir en los muchos privilegiados que contamos con su amistad. Si. Definitivamente este mundo minúsculo merece expandirse más allá del paisaje serrano de la Parroquia Santa Teresita de Minas. Más allá de cualquier frontera. Porque su vida, siempre fue inmensa.

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que lindas palabras Dulio, se las haré llegar al padre que se pondrá muy feliz, Dios lo bendiga

Dulio Artaza #1 23 Sep 2016 19:58 Hs

Hermosos recuerdos, hermosa vida. Como tantos miles Padres Mario de la Argentina, que dedican y dedicaron su vida al servicio a Dios y al prójimo. Emociona. Muchísimas bendiciones. Que Dios siga siendo guía, luz de amor, de vocacion y de servicio