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Por una apuesta, le quitó el micrófono a Perón

Por Sebastián Rosso. Lunes 09 de Julio
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por Roberto Delgado

Redaccion LA GACETA

El 8 de julio de 1947, el presidente Juan Domingo Perón concluía uno de sus discursos más importantes frente a una multitud que colmaba la plaza Independencia, cuando un adolescente le quitó el micrófono y, levantando la mano, gritó "¡He dicho!".
Todo el mundo quedó estupefacto. El chico, Adolfo Manuel Arbe, fue detenido y pasó dos días encerrado en el subsuelo de la Casa de Gobierno, pero esa picardía lo marcó para siempre y hoy, a los 80 años, recuerda con satisfacción que cumplió la apuesta que había hecho con sus amigos de que iba a llegar a estar a la par de Perón.

Ese 8 de julio Perón había llegado a Tucumán acompañado por el presidente de Chile, Gabriel González Videla, y una extensa comitiva. En esos festejos de la fiesta patria se hizo un gran desfile y la primera elección de la reina de la Zafra. "Yo era veneno (peronista), a pesar de mi edad. Como medio travieso que he sido toda la vida, cuando pararon los autos oficiales yo me metí por la puerta trasera en el auto de la señora de Videla, el presidente de Chile, que estaba con la hija, y salí junto con ella por la puerta. Entré, me ubiqué en el palco a la par de él, en el balcón ya, y en vez de decir '¡Viva Perón!' o cualquier otra cosa que no hubiese pasado nada, se me da por agarrar el micrófono y digo '¡He dicho!' y levanto la mano para los otros tres pícaros amigos que estaban abajo y que yo les había dicho que iba a estar a la par de Perón".
Adolfo fue llevado al subsuelo de Casa de Gobierno. "Yo tenía una cámara foto sin rollo y eso es lo que más le intrigaba a la Policía: ¿qué hacía yo con esa máquina adentro?" El chico pasó dos días detenido pero al fin lo liberaron porque lo consideraron una chiquilinada y en cambio la guardia policial recibió después 10 días de arresto. "La primera noche dormí en el sillón de la subjefatura; al día siguiente mi papá me llevó un colchón y una colcha porque hacía frío". "Cuando me largaron el 10 de julio, mi papá, que era un español de esos, duro y derecho, le digo 'papá, ¿vamos a tomar un coche de plaza?', y me dice 'no, ahora vas a ir por el centro de la Vía Blanca (que existía en la calle Muñecas) y vamos a ir a la casa a pie, para que todo el mundo vea lo que has hecho'. Y me trajo con el colchón al hombro por la calle San Martín, me hizo doblar en la Muñecas, porque todos me conocían, porque era la parada clásica -la Singer en la calle Muñecas- y me veían con el colchón. Me llevó hasta Santiago y Mitre, donde vivía, con el colchón en el hombro".
- ¿Por qué lo hizo?
- "Primero, porque era veneno; y segundo porque había hecho una apuesta con los chicos amigos míos de que cuando esté en el balcón los iba a saludar".

La historia fue publicada en LA GACETA del 10 de julio, a una columna, con el título "Un niño fue detenido por una travesura" y al día siguiente se informó que había sido liberado. Pasaron tres semanas hasta que la fama le llegó de golpe a Adolfo. "Yo trabajaba en una zapatería en la Maipú, frente a la puerta del Mercado. Pasaron 15 o 20 días y cuando salió en los 'Sucesos argentinos' del mes (eran los noticieros cinematográficos), ahí aparecí en todas partes. Paraba el tranvía al frente de la zapatería, la gente decía:'Ahí está He Dicho' (hasta hoy hay gente que me dice 'hola, He Dicho'); y me tuvieron que dar vacaciones porque no podía salir a la calle".
Adolfo dice que lo vio a Perón después en dos o tres oportunidades, porque fue representante en torneos deportivos. "Yo le conté del episodio; la segunda vez que averiguó bien se acordó del hecho".

No ganó nada con la apuesta, excepto la loca fama de una travesura histórica. "La apuesta con los amigos era de palabra: que yo iba a llegar. Con decirle que estaba estrenando un traje Flor de Ceibo, que daban a crédito en casa Belfast en calle San Martín. Ese día estaba con pantalón largo, yo estrenando el traje, corbata, de pinta como para que no me reclamen en ningún lado".

Por una apuesta, le quitó el micrófono a Perón
Comentarios
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aguante_tucu · 17 de Julio de 2012 - 14:54
QUÉ BUENA ANÉCDOTA!
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